El Gancho Coworking: trabajando en un oasis en el barrio de moda

El Gancho Coworking se inauguró en marzo de 2017 y en año y medio no queda ni un sitio libre, de hecho, hay hasta lista de espera para poder entrar, porque a 130€ + IVA el puesto con absolutamente todos los suministros y comodidades incluidos, resulta ser prácticamente el coworking más económico de los existentes en la ciudad, salvando los de Zaragoza Activa, que están subvencionados por el Ayuntamiento.

 

 

El éxito ha sido tal que sus fundadores, los hermanos García Basa, se están planteando abrir otro, pero han de encontrar la oportunidad, que sea un local con un precio aceptable y que reúna todas las condiciones como lo hace éste de la Calle San Pablo. Aunque en un principio, cuando entraron a ver el local, que llevaba cerrado entre 25 y 30 años y parecía una cueva llena de escombros, nadie hubiera imaginado que iba a quedar un espacio tan acogedor y con tanto estilo.
“Tiramos muchos tabiques que no aportaban nada, vimos que debajo había mucho ladrillo antiguo que quisimos sacar para dejar la esencia del local original, dejamos una especie de balcón que no sabemos qué función tenía en sus tiempos…”
Pero es que todo pasa por el filtro de Moisés, de 39 años, que se encarga de las obras, e Isaac, de 37, que lleva más la administración, los trámites y el papeleo en general. Ambos escogen los locales según las posibilidades que intuyen, se hacen su propia idea de cómo lo quieren dejar, se ocupan personalmente de la obra, y, cuando es necesario, recurren a sus técnicos de confianza para que les realicen el proyecto con las correspondientes licencias y a otros gremios que lo ejecuten. Y lo mismo para sus obras de rehabilitación de fincas y viviendas, que es su actividad principal.
Isaac García Basa, en su puesto de trabajo del Coworking de El Gancho.
Por eso, para meterse en otro coworking, que sería una actividad secundaria, tendrían que tener muy estudiados los números y verlo muy claro, como lo vislumbraron con el local de El Gancho: “Aquí la idea era intentar reutilizar todo lo posible, elementos que ya teníamos e incluso que teníamos que construir nuevos con material reciclado, como la mesa, las ventanas de fuera, los maceteros, el suelo de una de las salas hecho con palets y otros con baldosas de suelos hidráulicos antiguos que recuperamos de reformas de pisos que la gente no quería…”.
Normalmente, cuando trabajan para clientes, se han de adaptar a sus preferencias, sólo pueden darles consejos; pero aquí, al ser para su propio proyecto, aplican su filosofía: “No todo lo nuevo tiene que ser mejor, darle una segunda vida a toda clase de materiales puede darte igual resultado o mejor, visualmente nos parece más atractivo y, especialmente la madera, nos aporta comodidad, a la gente le da una sensación muy acogedora venir aquí a trabajar”.
Tanto es así que no sólo han recolectado por los pisos que restauran mesitas, sillas, televisores y casettes viejos, buzones para almacenar café y té e incluso el sofá para la sala de ocio; sino que también han recogido maderas para hacer los zócalos de las paredes y las mesas largas de la sala de reuniones y del coworking. Y hasta se han traído un tronco de árbol que tuvieron que talar unos clientes y lo laminaron para añadir calor al hogar.
Y es que, en efecto, entre estas más de cuatro paredes, se pasan los 19 trabajadores (incluidos Isaac y Moisés) las mismas horas que antes se pegaban en casa solos sin relacionarse con nadie físicamente. Ahora aquí se crean amistades y relaciones de confianza entre ellos y sinergias laborales, en cuanto que confluyen cantidad de profesionales de muy diferentes sectores y siempre pueden pedirse consejo mutuamente; si te surge la necesidad, contratas a un compañero porque ya le conoces, surgen más oportunidades que currando a solas…
El futuro es de los freelances
Cada integrante del coworking posee su llavero con su alarma y entran y salen en los horarios que les requiere su oficio, tienen derecho a utilizar todas las estancias comunes, desde la cocina- office que es chulísima con esa alacena antigua; la oficina con fotocopiadora y todo tipo de material de papelería, la sala de reuniones que se puede reservar con un Google Calendar común… y van incluidos en el lote todos los suministros y el servicio de limpieza.
Hablando de limpieza, mencionamos El Gancho como barrio de moda y, si bien es verdad que todos los vecinos y vecinas debemos implicarnos más en mantener limpias nuestras calles, “todos”, matiza Isaac, “porque no depende de razas, etnias, colores ni clases sociales, es algo transversal”, recalca que “la zona es encantadora porque conoces a todo el vecindario, es muy céntrica y totalmente segura”. Así que anima a pasarse a todos los que todavía no hayan venido a conocer la vidilla que describimos en este reportaje de MIZ.

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