El Gancho se perfila como barrio de moda

Elisabeth G Iborra 25 octubre, 2017
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Lejos quedaron aquellos tiempos en los que daba miedo entrar por las calles perpendiculares al Mercado Central. ¡Ahora dan mucha vidilla!

 

Recuerdo que cuando tenía 19 años, mi padre iba al Gancho a ayudar a “unos chicos negritos muy majos” y mi madre le decía que cómo se iba a meter por esas calles. 20 años más tarde (por ahí exiliada), decidí venirme a vivir al Gancho nada más regresar a ZGZ, y todo el mundo me preguntó: ¿Pero cómo te vas a meter por esas calles? Bien, llevo un año viviendo en este barrio y siento comunicaros que os quedasteis anclados en 1996.

 

Ahora bien, tengo buenas noticias: No estoy sola en mi corazonada de que este será el próximo barrio de moda. En estas calles que la mayoría considera peligrosas, inhóspitas y habitadas por gente de mala vida, hay muy buena vida (con unos pisos recién reformados baratísimos, no vengáis, que subirán), bastante buen gusto y cada vez más cosas interesantes que hacer. No en vano tenemos varias sedes sociales y culturales del Ayuntamiento de Zaragoza entre nuestras (supuestamente) apestadas calles.

Concierto en Las Armas.

Y todos los agentes sociales y culturales de Zaragoza Activa están en una búsqueda continua de la integración, la diversidad y la convivencia entre los oriundos de toda la vida, los bohemios recién instalados y los emigrantes de todos los países que se amalgaman aquí dándole gran riqueza multicultural al barrio: Disponemos de asociaciones de migrantes, ya sean canarios o subsaharianos, incluso Médicos del Mundo tiene su sede en San Blas, al lado de la tienda artesanal de guitarras Ensamblas; mezquitas, centros de mediación y de formación para desempleados y para personas adultas, huertos urbanos y solares con máquinas para hacer deporte, el centro comunitario Luis Buñuel, con espacios para que los vecinos organicen sus actividades; el Gancho coworking, con unas instalaciones chulísimas para trabajar compartiendo espacios, etc.

 

Para apreciar nuestra comunión, no hay más que asistir a las fiestas vecinales de La Carrera del Gancho, con conciertos, carreras populares, pasacalles en los que juegan todos los niños sin percibirse extraños por el color de piel, a sus talleres de teatro comunitario en las plazas organizadas por el centro La Maquinaria…

 

Asistencia del público del barrio y de toda la ciudad a las actividades culturales.

 

Y todos están invitados a participar en las actividades culturales, infantiles o no, que convoca el centro cultural Las Armas tal que su escuela de rock, su festival Slap de verano en un camping con talleres infantiles de todo tipo; o la escuela de Superhérores y superheroínas, la proyección de películas o documentales que nunca veríamos en ningún otro lugar, recitales de poesía… y todos los conciertazos de artistas internacionales que vienen a este barrio, sí señores, ¡no tienen miedo!

 

Yo, honestamente, tampoco. Vivo en un cruce de calles donde, no lo vamos a negar, habemus nuestros personajes haciendo “trapicheos” más bien ilegales, pero además de que son inofensivos y jamás se meten con los viandantes, precisamente por ellos disfrutamos de una vigilancia policial constante en la zona. No miento si afirmo que me siento segura cuando vuelvo a las 4 de la mañana de tomarme unos vinos de más por nuestros bares.

Cartel de la Muestra de El Vino en la Calle organizado por EL Broquel

 

Y aquí vamos a lo bueno: El Broquel es, desde hace 9 años, un referente culinario en cuanto a tapas y a variedad de vinos no sólo de Aragón, que me parece fundamental, sino de otras DO, para curiosos insaciables, de hecho, montan dos veces al año la muestra de El Vino en la Calle con productores de vino aragoneses. En la misma esquina de Broqueleros con San Pablo está el bar Los Faroles, con sus tapas y raciones baratísimas. Enfrente han abierto un chino, junto al curiosísimo Hostal París, con una terraza estupenda. Y al lado de la Posada de las Almas, que esperemos que recuperen pronto porque es una lástima que esté cerrada, se sitúa La Columna Ganchobar, cuya bodega de piedra, la terracita y el salón de abajo dan para celebraciones de toda índole.

 

Al lado acaban de abrir la primera boutique de moda de la zona, El tupé asesino, ropa muy pin up para mujeres y de estilo cincuentero para hombres, accesorios y look para rockandrolleros.

 

La primera boutique de moda, El tupé asesino.

 

Pero es que frente a la antiquísima bodega Perdiguer, está cogiendo cada vez mejor fama Lo llevas crudo, porque casi todo crudo, natural, con variedad de cereales y leches para el desayuno, menú de ensalada más carne o pescado o vegetariano de segundo, tartares, tostas… así como vinos diferentes y cócteles. La idea es unir sinergias con los comercios del barrio o con otros bares como La Gilda, que aparte de vinagrillos tiene unas tapas muy ricas y ambientazo. Así como La Pollería, que prácticamente tiene de todo menos pollo, ahí está la gracia que está atrayendo a los jóvenes más hipsters para alternar por un módico precio.

 

Más allá reluce el Sótano mágico, imprescindible tanto para niños, con el museo de la magia y las entretenidas funciones de tarde, como para mayores los espectáculos nocturnos, con buenas cervezas. Y detrás está la Sala Oasis, con una programación para todos los gustos musicales cada fin de semana y sus sesiones de djs de toda la vida.

 

La Iglesia de San Pablo, con su torre mudéjar de planta octogonal.

Frente a la incomparable Iglesia de San Pablo, la farmacia mantiene su preciosista estética antigua, seguida del herbolario de Rosa Monforte, que hace terapias para los espirituales del Gancho, prosigue la Asociación Consumo Conciencia, que pretende la “reducción de riesgos en relación al consumo de sustancias psicoactivas” (o sea, drogas). En los locales de enfrente se celebra un mercadillo vintage cada temporada, colindando con La Termita, taller de carpintería creativa con cursos para aficionados. Después de la charcutería de Bernardino Montori Fábregas, al final de la calle despunta el obrador La Mar de Cookies, que ha triunfado por su elaboración sin gluten de pasteles y panes de distintos cereales, sin perder sabor. A 100 metros, en la Plaza de los Sitios, se erige el genial Teatro del Mercado, con una programación alternativa de lo mejorcito de la ciudad.

 

El Espacio artístico Visiones da comienzo a la calle Cereros, donde se sitúan el Café coctelería Artik, el Centro Soriano y dos bares con algunas tapas bien preciadas para los parroquianos. Y, saliéndonos un poquito del contorno, a dos minutos, con una terraza magnífica a la sombra en la Plaza José María Forqué, merece mención de honor el Verdechulo, un restaurante que se caracteriza por la calidad del producto en sus tapas de morcilla de Sotopalacios, huevo a 63º con boletus, trufa y foie; la zamburiña y la vieira con kimchi, las patatas bravas castizas (sin mayonesa)… Y un menú semanal que está triunfando este verano.

De regreso a la calle de Las Armas, el bar restaurante de Las Armas, con Chef Berny y Daniel Yranzo en los fogones, está abierto desde el desayuno (flipad con las tortillas) hasta la cena muchos días, y sobre todo se peta los domingos de mercadillo, pero también durante los numerosos conciertos que programa en su escenario a pie de calle. En la misma explanada los fines de semana abre El Buque, para ponerse morado de carnes al grill, especialmente el ternasco de Aragón, ¡esos churrasquitos exquisitos!

Terraza de la parrilla El Buque.

Lo mejor es la atmósfera de los mercados, ya sean los eventuales que van pasando por San Pablo 59, o el Mercado de las Armas, al que cada primer domingo del mes se atreve más gente de toda la ciudad (y salen ilesos y contentos). Tenemos cantidad de creativos, tiendecillas y artesanos de todas las especialidades mostrando en sus puestos su maravillosa creatividad: La pasta fresca de Zecchi, que aromatiza toda la calle; prendas únicas como las de El sueño de Giulietta, de diseñadoras que jamás verás en Inditex, ni a nadie más puesta; joyas personalizables y finísimas, accesorios supercucos para perros, vestimenta y juegos para que tu bebé vaya exclusivo; palomitas gourmet Popit de sabores insospechables, vinos de la Bótica para degustar y llevar; mermeladas, aceites y ungüentos naturales, bolsos y decoraciones para el hogar de lo más exclusivo… Y hablando de vinos, también tenemos el Mercado de productores donde mensualmente podemos catar los vinos del Desierto de Fernando Mir, o probar quesos, cervezas artesanales y embutidos.

 

Un canto a la originalidad que también se halla en los Espacios Creativos como Estudio Mique, A54 Estudio, UndoStudio de diseño gráfico, decoración y arte, que están en la calle de Las Armas esperando a que más artistas se unan a ellos para crear vanguardia dentro del barrio, como los de la tienda de DreamCatcher, que tiene frikadas asiáticas y pop de toda índole. Asimismo, a los que por aquí todavía compramos y leemos libros en papel, nos nutren un par de librerías, una moderna, El Armadillo Ilustrado, y otra anticuaria, El Baúl de Melquíades, con libros viejos y de saldo, pero no por ello de menos calidad literaria. Y, para ilustrarnos con conciencia, también contamos con el Centro de Documentación del Agua y del Medioambiente.

 

En definitiva, que en el Gancho no nos aburrimos y esto va in crescendo por momentos, así que cuanto antes os atreváis a comprobarlo por vosotros mismos, menos tiempo tardaréis en disfrutarlo.

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