4 denominaciones de origen aragonesas y tú pidiendo un riojita

vino aragones

Hace ya unos años, viniendo para Zaragoza de visita en el AVE, puse un tweet que decía algo así como: “Estoy llegando a Zaragoza y muero por tomarme un vino”. A lo que algún seguidor que no me conocía de nada me aconsejó: “Tómate un buen Ribera del Duero”.

 

Es difícil describir, y probablemente comprender, la ira que inundó todo mi ser. Por supuesto, se la transmití con toda mi mala baba: “Yo, en Aragón, sólo bebo vinos de Aragón. Cuando vaya a Valladolid, ya tomaré Ribera del Duero. Y en Zamora, Toro.” Y siempre así, en todos sitios. En Logroño, tomo Rioja. En Alicante, pruebo vinos de Alicante, de Valencia si me apuras. En Murcia, Jumilla; en Cádiz, vinos de Jerez; y en cada región, pruebo sus denominaciones, que no en vano hay 69, por no alargarme e ir al grano.

 

Y el grano es que en Aragón tenemos cuatro denominaciones de origen oficiales, léase Somontano, Cariñena, Calatayud y Campo de Borja, aparte de unas seis zonas más con Indicación Geográfica, como los Vinos de la Tierra Ribera del Jiloca (Pruébese Murero) y los Vinos de la Tierra Ribera del Gállego-Cinco Villas (Uva Nocturna, por ejemplo).

 

Lo vuestro es delicitivo

 

Sin embargo, la gente, y no me refiero a los turistas, sigue pidiendo un rioja o un ribera como sinónimo de vino tinto, como si sólo existiera su tempranillo y no tuviéramos aquí decenas de varietales, desde la garnacha hasta el merlot, el syrah o cabernet sauvingon. Y piden un Rueda o verdejo (que no es lo mismo la Denominación que la uva) en lugar de “un blanco”, con las uvas chardonnay, malvasía, macabeo o garnacha blanca, por mencionar algunas, que nos permiten vinos menos secos aquí. Y piden un rosado de Navarra, sin tener en cuenta delicias como el Alquezar rosado, que es de Somontano (y hay decenas más bien refrescantes).

 

En definitiva, con los magníficos vinos que salen de nuestras 36.470 hectáreas de viñedos de uva no de mesa, ya es delito que nuestros cientos de bodegueros vendan más exportando al resto del mundo que en tierra propia. Porque a nuestro complejo de inferioridad lo aragonés le parece siempre poco.

 

Si algo he hecho en cada visita durante 20 años, y sobre todo, desde que me instalé, que no sé ni cómo tengo riñón todavía, es probar vinos de Aragón. Empezando por los bares, mi política es invariable:

 

  1. Tomo única y exclusivamente vinos aragoneses.
  2. Siempre que tienen uno diferente, lo pruebo.
  3.  Voy a descubrir bares donde tienen muchos vinos diferentes por copas.
  4. A cada copa que me bebo, pido uno distinto para catar más.
  5. Si tienen muchos, le propongo a mis amigos una cata para degustar más sin emborracharnos.
  6. Si no tienen variedad por copas, convenzo a mis amigas para compartir botella, de Aragón.
  7. Cuando los vinos que tienen son flojitos, hablo con los dueños para comentárselo y recomendarles otros, o por lo menos, que oferten más para elegir.

 

 

Los vinos que no te puedes perder

En este sentido, aplaudo muchísimo la bodega que tienen en El Broquel, Almau, Palomeque, el Fútbol, Los Victorinos, San Siro, El Bandido, etc. que tienen en su vinoteca una muy extensa representación de Denominaciones y marcas para catar por copa. No sólo los típicos (y cojonudos) Tres Picos, Viñas del Vero, Garnacha Centenaria, Enate, Nietro, Heredad, Glárima, Matarile, etc. que están al alcance de cualquiera en todos los bares. Sino otras muchas que sólo algunos se permiten porque tienen un tránsito de clientes suficiente como para que no se les avinagren en dos días. Entre estos, destacan Samitier, Román, Trashumante, Secastilla, Edra, El Alquez, Ayles, Laus, Anayón u Honoro Vera, (que se hizo famoso porque fue elegido para maridar una cena de los Oscar cuando aquí no lo conocía nadie)…

 

Gracias a los bares pequeños por arriesgar

 

También es muy de alabar el gusto de los bares pequeños que, pasando de las ofertas de los distribuidores de grandes marcas, apuestan por vinos selectos de bodegas menos renombradas pero con referencias muy recomendables a una relación de calidad-precio bien ajustada. De tal forma que pagas 2-2’50 por tastar un vino sorprendente. L’ Albada Tabierna, con toda la gama de Sargas de Idúes y 108 Noches, su nuevo malvasía 100%; el Meli Meló, que ofrece el Sed y el Duna, de Vinos del Desierto; el Morris, que dispone de todos los Langa; el Pequeño Cascanueces, con su Alodia Syrah; la Taskeria, con una selección muy digna…

 

Las vinacotecas son museos

 

Y cuando me aburro de beber siempre los mismos, que mira que es complicado, pero una tiene una curiosidad insaciable, me voy a la Bodega San Pablo, o a la Bótica, o a Tomevinos, y les requiero su consejo para que me sorprendan con sus escogidos a precios más que asequibles. Porque en Aragón no hace falta gastarse un dineral para quedarse satisfecho. En ellas he descubierto, respectivamente, el blanco R de Ruberte, el Pizarra Blanca 2013, o el Cosos y los Vinos del Viento, de Michael Cooper, por poner algunos que repetiría sin dudar. Ah, espectacular la bodega que se esconde en el palacete de Montal, que no sólo es una tienda de delicatessen con servicio en mesa, no.

 

Atentos a los eventos públicos

Otros eventos en los que se puede aprender mucho son las ferias de productores regionales, que se celebran cada dos por tres y son abiertas al público, como el Slowfood Zgz, donde entrevisté a cantidad de bodegueros empeñados en recuperar variedades autóctonas, como alcañón, mazuela, bobal o moscatel de Alejandría. Otro evento es La Semana de la Garnacha, donde probé más de 12 maravillas en una tarde, como el Alto Moncayo o el Fagus, nivelón. Y el encuentro más popular es el del Vino en la Calle, que saca sus puestos en el Gancho cada mayo y cada septiembre.

 

En todos ellos, te dan una copa con la entrada y puedes ir conociendo a todos los bodegueros y enólogos, que te cuentan sus curiosidades sobre cada una de sus propuestas mientras te las dan a degustar. Eso no tiene precio, en serio, en una tarde conoces vinos que, de otro modo, no probarías en tu vida. Y si te gustan y te quedas el contacto, puedes pedirle las botellas directamente a las bodegas e incluso ir a visitarlas. Que, por cierto, hay rutas de enoturismo por cada una de las denominaciones de origen, con facilidades para ir sin coche, por aquello de poder catar sin escupir y sin cortapisas.

 

Pero de cada una de las denominaciones iré escribiendo diferentes artículos, para que las conozcáis más a fondo, y con todas las posibilidades que ofrecen para hacer excursiones a sus bodegas y probar cada uno de sus vinazos.

 

Como vuelva a escuchar a alguien en un bar pedir un Rioja o un verdejo y luego quejarse de que Aragón no pinta nada en España, le obligo a aprenderse este artículo de carrerilla.

 

 

Este artículo pertenece a la serie ‘A contracorriente: reencuentros con una Zaragoza cambiante’ en la que mostramos la visión de zaragozanos que han vuelto a la ciudad tras haber estado viviendo fuera durante años.

5 opiniones en “4 denominaciones de origen aragonesas y tú pidiendo un riojita”

  1. Totalmente de acuerdo Tenemos que hacer cambiar ese sentimiento derrotista para con lo nuestro de Aragon.Refiero una anécdota del programa de tv ” un país para comerselo”; donde Imano Arias y Echánove grabaron en el Bar el Lince de Plaza Santa Marta; donde como bocado típico solicitaron una sardina rancia; y al preguntar al camarero el respondió “Naturalmente un Rioja”.Os podéis imaginar los tacos e improperios que sonaron en nuestro comedor al escuchar semejante estupidez.Así se escribe la historia.

  2. Igual no lo has comentado porque no puedes comentar todos, en mi pueblo Tabuenca hay una bodega pequeña Palmeri Sicilia y solo sacan una marca de vino Palmeri Nava Alta, Pruevalo, no te defraudará.

  3. Y si se puede pedir Verdejo, el Flor de Añon de la cooperativa Santo Cristo de Ainzon está buenísimo. Si no lo habéis probado ya tardais.

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