Emprendo y te lo cuento: despropósitos de año nuevo

Cristina Castejon 10 febrero, 2020

Nuevos propósitos de Año Nuevo

Hay algo en hacer propósitos de Año Nuevo que me desalienta.

 

Sé que no los voy a cumplir. ¿A alguien le sucede lo mismo?

 

La tradición, la costumbre y cientos de artículos nos recuerdan las resoluciones del 1 de enero. Como si debiéramos hacer algo muy trascendente por obligación con la entrada del año.

 

¿Debería el 1 de enero saltar de la cama, con los brindis y bailes aún frescos en mis costillas y decir algo grandilocuente cuando mi pie toque el suelo?

 

No sé a vosotros, pero cada vez que lo he intentado no me ha funcionado.

 

Así que simplemente he dejado de hacerlo. Hasta este año.

 

¿Por qué no funcionan los propósitos de Año Nuevo?

 

En mi caso, y puede que no sea la única,  creo que tiene mucho que ver con el momento.

 

Diciembre es un mes de encuentros, familia y eventos deportivos fuera de mi ciudad. Para fin de año suelo estar algo desconectada del trabajo, o por lo menos, intentándolo. Así que esos días me pillan más centrada en terminar bien los días libres por Navidad y gestionar el lío logístico de vuelta a casa, que en mirar y planificar las cosas con distancia y equilibrio.

 

Todo buen propósito, sea de Año Nuevo o no, debería estar precedido de una reflexión previa, un análisis de la situación, y una concreción en cuanto a lo que queremos conseguir.

 

Como hemos hablado otras veces y nos viene bien recordar, nuestros objetivos deberían ser Smart.

Y si no, quizá no merezca la pena planteárselo.

 

Pero reconozco que la idea de hacer propósitos de mejora nos hace sentir bien. Eso de decir “este año 2020 voy a…”, “a partir del 1 de enero hago…”, nos transmite una idea de cambio y renovación que reconforta.

 

Además, a las personas nos gusta medir y valorar por años las decisiones o sucesos importantes: “hace dos años que terminé la carrera”, “hace cinco que me di de alta como autónomo”. No hace falta que se cumplan justamente los años, pero nos resulta muy útil hablar así de acontecimientos importantes.

 

Madurar los nuevos propósitos de Año Nuevo
Madurar los nuevos propósitos de Año Nuevo

 

A mí lo que casi siempre me ha ocurrido es que la resolución de Año Nuevo se ha convertido en una mochila que pesa demasiado. Como si no llevara nada útil, cargada de piedras, no de cantimploras. Y que además no fuera mía, sino de alguien que no la necesita.

 

Y al final la he dejado caer en el barranco más cercano.

 

Así que he tomado un par de decisiones, os las cuento, emprendedores, por si os puede ayudar:

Primera decisión: elige tu el día para poner en marcha tus nuevos propósitos.

 

¿Por qué debemos empezar con nuestras resoluciones el 1 de enero? ¿Solo por que exista esa tradición?

 

Al final, la mitad de la humanidad celebra su nuevo año en otra fecha, los chinos lo inauguran el 25 de enero, por ejemplo. Por no hablar de ciertas tradiciones como la de los estudiantes de Salamanca que celebran el fin de año un mes antes que el resto.

 

Lo importante es lo que significa esa fecha para ti. Porque tú eres el importante. El que va a poner en marcha la maquinaria del cambio.

 

Celebra tu principio de año y sus nuevos propósitos un 3 de febrero, porque fue la primera vez que diste una formación. O el 6 de mayo porque te diste de alta como autónomo. O el 21 de junio, porque hiciste tu primer cliente.

 

Cualquier fecha es buena siempre que sea tuya.

 

Fija tu fecha cuando tengas tu propósito claro y cíñete a ella. Será un compromiso que adquieres contigo mismo y estará adaptada a lo que tú quieres de verdad.

 

Y, además, eso de esperar al Año Nuevo ¿no es a veces la excusa perfecta para demorar las decisiones?

 

nuevos propósitos

Segunda decisión: madura el propósito de Año Nuevo

 

Como os he dicho antes, os voy a contar la única vez que me ha funcionado hacer un propósito.

 

Ha sido este enero 2020. Y mi resolución es llevar un cuaderno de bitácora.

 

En su origen significaba esto: el capitán de un barco llevaba ese cuaderno donde dejaba anotado lo lejos que habían navegado ese día.

 

No es diario clásico. Tengo ciertas normas: relleno solo una cuartilla. Y no todo es letra, hago dibujos, garabatos, pego cosas… Sin presión artística ni literaria.

 

Anoto lo más motivador o gratificante que he hecho o sentido ese día. Puede ser cualquier cosa, algo de trabajo, familiar, deportivo, de amigos, una serie que me ha encantado, una conversación que he tenido…

 

La sensación más genial y reveladora que he tenido durante el día, de la que más he aprendido, y que como un marino, me ha hecho llegar más lejos que el día anterior.

 

Por supuesto, no es una idea mía, echad un vistazo a los cuadernos de Austin Kleon, lo lleva haciendo años.

 

Y digo que esta vez si me ha funcionado porque me apetecía hacerlo hace semanas, y decidí reservarme para la fecha clásica y empezar un cuaderno por año.

 

Algún día no me acuerdo de anotar en mi cuaderno de bitácora. No pasa nada. No lo invento. Lo retomo al siguiente.

 

¿Por qué lo hago? Desde que soy emprendedora, debo decidir lo que hago cada día y a veces eso es una cascada difícil de controlar. A veces acaba el día y no soy capaz de identificar y valorar todo lo que hago. Así que llevar mi cuaderno de bitácora es ejercicio que me ayuda a reflexionar y valorar con perspectiva.

 

Esa es una razón. Tengo otra más, igualmente poderosa, que prefiero no revelar.

 

Lo importante es que las tengo y son las que me han llevado a madurar la decisión y llevar a cabo la resolución de nuevo año.

 

Y ahora que os la cuento no me queda otro remedio que no reblar en mi propósito, así que espero veros por el camino, emprendedores, con cuaderno de bitácora o sin él.

 

nuevos propósitos

Fotos de Estée Janssens Hadis Malekie Jeff Sheldon Vidar Nordli-Mathisene n Unsplash

Autor: Cristina Castejon

De letras hasta la médula, siempre he pensado que la narrativa es el pastel, no la guinda. Da igual que sea en un libro o una peli, las buenas historias siempre nos enganchan. Escribo para mi blog www.cdecontar.com y para todo aquel que necesite poner alma a su marca o servicio. Me encanta mirar escaparates, contemplar fachadas y descubrir rincones escondidos. Creo que Zaragoza está plagada de buenas historias: ziudadanos curiosos, ¡callejeemos para darles caza!

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