Emprendo y te lo cuento: Emprender sin tiempos muertos

Cristina Castejon 1 marzo, 2019

Emprender y perder el tiempo es un dúo tan habitual como la la pizza y la salsa de tomate. No conozco ninguna que no lleve.

 

Situación que podría pasar cualquier día de la semana:  son las 4, no he comido aún y llevo veinte minutos sin parpadear delante de la pantalla. “¡No me da tiempo! ¡Tengo que entregar esto ya!”. Suspiro agobiada sobre el teclado.

 

La retina se me seca, aporreo las teclas como un pianista del Oeste y siento que me ha salido una nueva arruga en el entrecejo.

 

“¡No me da tiempo!” Me sigo quejando. Y es en ese momento cuando el amigo majo que trabaja a tu lado te dice: “eh, no seas dramática, ¿por qué te agobias tanto? Si total, estás haciendo lo que te gusta, ¿no?” Le clavas la mirada y te la devuelve tan tranquilo. Ha dicho exactamente lo que quería decir. Sin ironías ni sarcasmos.

 

Emprendedoras,emprendedores, seguro que os habéis encontrado en esta situación y me entenderéis.

 

Como los que emprendemos hacemos lo que nos gusta, agobiarse por falta de tiempo queda descartado. No tenemos fechas límite. No hay que llegar a todo. Vivimos en un mundo paralelo saltando arco iris eternos…

El mundo feliz sin plazos del emprendedor

 

Pero todos sabéis, y sino, lo sabréis en breve, que llega un día en que te levantas y esa idea maravillosa se ha convertido en una obligación diaria. Ese día, te das cuenta de que o te organizas bien el tiempo o… ¡no habrá arcoíris nunca más!

Apuntando todo

Os voy a contar algunos hábitos muy sencillos de como me organizo. Aunque ya sabéis que esto de organizarse bien es como un cuadro de Antonio López, siempre es una obra inacabada.

 

El primer hábito es muy sencillo: apuntar todo lo que tengo que hacer.

Es lo que recomiendan en los métodos GTD. Pero francamente, es puro sentido común. Dejar a nuestra pobre cabeza que se acuerde de todo ¡no es práctico!

 

¿Apuntarlo dónde? Eso ya depende de cada uno. Lo mejor es ir probando. Yo estoy  usando Trello. Me han hablado bien de KanbanFlow… Y los hay que prefieren apuntar en una agenda de papel de toda la vida.

 

Yo lo intenté, el año pasado me compré una preciosa agenda literaria de Austral y me dediqué a mirar sus recomendaciones de libros y música. Me encantó. Pero en mi caso para organizarme no sirvió…

Categorías de tareas por tiempo y nombre

A continuación, después de apuntar las tareas las “meto” en categorías según tiempo y dedicación que calculo me van a llevar.

 

Yo tengo 3 categorías y además les he puesto nombre. Es una manía, me gusta poner nombre a lo que quiero hacer mío, y así siento que el método me funciona mejor.

Mis categorías son:
Centellas, las que me cuestan menos de 2 minutos.
Lopes, mínimo 5 minutos, máximo 25.
Virginias, esas son las de mínimo una hora. Las de atrancar la puerta, dejar fuera el móvil y concentración total hasta que salga todo como tiene que salir.

 

Los nombres tienen un significado para mí, centellas no hay ni que explicarlo. Lopes por Lope de Vega, un autor de talento suelto y veloz. Es una forma de animarme a que lo que acometo va a salir rápido y brillante.

 

Y Virginias, me transformo en la Woolf y me meto en mi habitación propia, o como si la tuviera. Y de ahí que me echen.

Cuando anoto las tareas voy pensando, esto es un Lope, me lo ventilo este rato, este es un Virginia, más vale que lo coja a primera hora…

Mi tiempo por un tomate

Además de anotar y categorizar, a veces necesito presionarme para conseguir resultados en un tiempo fijado.

El simple y resultón método pomodoro

 

En ese caso echo mano de un método de lo más sofisticado: Método Pomodoro. Hay que tener un instrumento de gran precisión que es… un relojito de cocina, de esos que suelen tener forma de tomate con un engranaje que va haciendo tic tic cada segundo. Se utilizan para controlar el tiempo de cocina.

 

Este método lo aprendí en un curso de gestión del tiempo para directivos y me pareció tan sencillo que decidí probarlo.

 

Modo de empleo: decides qué tarea vas a desempeñar de forma ininterrumpida durante 25 minutos. Se gira el relojito y en el momento que giras ese tomate sabes que nada te puede interrumpir. Hasta que no suene tú no puedes prestar atención a nada más que a tu tarea Pomodoro.

 

Pones el relojito a cierta distancia para no oír el tic tic junto a tu oído pero tampoco tan lejos como para que dejes de oírlo. ¡Y a producir! Cuando acaba el tiempo y suena paras. Te estiras, bostezas, te levantas o hablas con alguien. El parón como máximo puede durar 5 minutos. Luego vuelves a poner el Pomodoro y a continuar.

Gestionar mi tiempo y conciliar es posible

 

Para mi además la Técnica Pomodoro es una herramienta fantástica de conciliación.

Mi hija de 13 años y yo algunas tardes nos hacemos tandas de Pomodoros por las tardes. Ella con sus deberes, yo con mis textos. Móviles fuera, conectamos el tomate y no se puede hablar. Cuando paramos comentamos.

 

Así sé que a las dos nos está cundiendo y sobre todo sé que no me va a interrumpir con algo porque ella también está trabajando…

¡Conciliar y gestionar nuestro tiempo es posible!

 

En fin emprendedores, seguro que usáis muchos otros métodos para organizaros bien el tiempo y emprender sin tiempos muertos. Me encantará conocerlos.

¡Nos vemos por el camino!

Autor: Cristina Castejon

De letras hasta la médula, siempre he pensado que la narrativa es el pastel, no la guinda. Da igual que sea en un libro o una peli, las buenas historias siempre nos enganchan. Escribo para mi blog cdecontar y para todo aquel que necesite poner alma a su marca o servicio. Me encanta mirar escaparates, contemplar fachadas y descubrir rincones escondidos. Creo que Zaragoza está plagada de buenas historias: ziudadanos curiosos, ¡callejeemos para darles caza!

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