Emprendo y te lo cuento: aprender de los errores

Cristina Castejon 3 diciembre, 2019

emprender y equivocarse

Cuando comenzamos a emprender estamos tan despistados como ilusionados. Cometemos errores continuamente y ni nos damos cuenta.

 

Aunque nos cuenten lo difícil que va a ser llevar a cabo nuestro proyecto caminamos dos palmos por encima del suelo. Un aura protectora nos acompaña a cada paso y le contamos a todo el que se cruza en nuestro camino, y tiene el tiempo y la imprudencia de preguntarnos, de qué va nuestra idea feliz.

 

Es un momento necesario, si para nosotros nuestro proyecto no fuera lo más importante ¿para quién iba a ser?

 

Y así ocurre hasta que…

 

Vamos a formaciones y nos damos cuenta de lo que muchísimo que nos falta por aprender…

 

Contamos nuestro proyecto a alguien que no es un amigo y nos hace objeciones lógicas que nos descolocan…

 

O… Nos damos el primer tortazo.

 

Emprender y aprender a caer
Emprender y aprender a caer

 

Reconocer los errores

 

A mí me pasó hace unos pocos meses. Una empresa de gran tamaño, trayectoria sólida y cifras apabullantes quería contar conmigo para un proyecto.

 

Nunca dejamos claro en qué consistía el trabajo porque «la cosa era hacer algo juntos». Yo ofrecí diferentes opciones pero la persona con la que hablaba siempre veía más allá. Tenía más experiencia y más visión que yo, y eso unido a un trato fácil, cercano, amabilísimo, daba a nuestras reuniones un ambiente de complicidad que lo hacía más cercano a una reunión de colegas que de trabajo.

 

Surgió una ocasión de realizar un proyecto de conceptualización a un cliente externo a la empresa y me lo encargó pero no concretamos el alcance. Es decir, no se puso fecha de entrega, ni formato exacto, ni límites precisos.

 

Y yo cometí un error de novata: no pregunté. Hay un momento para cada cosa, y yo perdí el mío por no preguntar mis dudas.

 

 

Si tu cliente o interlocutor lo da todo por sentado debes ser tú el que tome la iniciativa.

 

Yo pensé que tomaba la iniciativa empezando a trabajar y luego ya iríamos definiendo.

 

Así que pasé unas vacaciones de Semana Santa muy entretenidas realizado un proyecto con unos límites muy difusos. Era como moverme por un bosque tupido sin Google Maps. Pero llena de ilusión, eso que no falte.

 

Perderse emprendiendo
Perderse emprendiendo

 

A la vuelta me encontré con que a ese cliente externo le había urgido acabar el proyecto, así que tomaron la decisión, sin comunicármelo, de completarlo por vía interna en la empresa.

 

Lo que yo preparé era ya papel mojado, como decían en las pelis en blanco y negro.

 

No tenía sentido según la idea del cliente final y además estaba fuera de plazo. Me lo hubiera imaginado si hubiera hecho un par de preguntas.

 

Me inundó un sentimiento bochornoso de patinazo y de que por supuesto todo el mundo me estaba mirando caer.

 

Trabajar en balde en vacaciones.

 

Presentar algo que no es lo que se espera de ti.

 

Os aseguro que mi orgullo salió muy dañado ese día.

 

Desde entonces me he vuelto más preguntona.

 

¿Por qué es bueno saber contar los fracasos? Mis 3 razones

 

Hace poco me contaron que en las entrevistas de trabajo en E.E.U.U. una pregunta que hacen habitualmente es qué errores o fracasos has tenido.

Si la hicieran a la mayoría de nosotros no estaríamos preparados para responder. En nuestra cultura empresarial cometer errores se transforma en una culpa vergonzosa que debemos ocultar.

 

He encontrado 3 razones que hace que contar tus errores tenga sentido:

– No somos tan importantes, desde luego, pero el mundo es un pañuelo y al final si algo no ha salido como nos gustaría alguien se va a enterar. Adelántate y cuenta tu versión.

 

– Al contarlo a los demás, también te lo haces a ti mismo, interiorizas la historia, la causa del error y lo que has aprendido de una forma útil, sin fustigarte. Puede llegar a ser una anécdota que contar.

 

– Aprendes tú y si lo cuentas enseñas al resto. Es como dar un consejo. Y aunque ya sabemos, como nos dice Austin Kleon que los consejos son como hablar a tu yo del pasado, esperamos que alguien esté ahí fuera escuchando y le sirva para algo.

 

Preguntar y reformular
Saber lo que quiere el cliente: preguntar y reformular

¿Qué he aprendido?  3 enseñanzas

 

Os aseguro que a partir de ese momento tengo muy claro que debo hacer preguntas y sobre todo hacer partícipe al cliente de lo que quiere lograr cuando me contrata.

 

Y por sintetizar, os dejo mis 3 recomendaciones de emprendedora:

– Enviar un cuestionario previo a los clientes para hacerles reflexionar, aunque sea 5 minutos, de lo que realmente necesitan. Preguntarles sobre sus objetivos, su estado actual, qué esperan conseguir trabajando contigo…

Preguntar al cliente de forma asertiva, sin agresividad, sobre todo si lo hacemos por escrito. Fórmulas como: “entonces, esto significa que…”, “solo por tenerlo claro, las condiciones son…”. Y aprender a formular preguntas cerradas, que deban contestar con un sí o un no.

Reformular la petición que nos hacen para saber si la hemos entendido y el cliente está seguro de lo que quiere. Con fórmulas como “si te he entendido bien lo que quieres es…”

 

Ganaréis en tranquilidad y efectividad porque os centraréis más en lo que realmente quiere el cliente y lo que podéis hacer por él.

 

Además el cliente se dará cuenta de que habláis de lo que sabéis porque le hacéis preguntas que quizá él ni se había planteado.

 

Espero que este consejo a mi yo del pasado llegue aún a tiempo para alguien.

 

Nos vemos por el camino, ¡emprendedores!

 

Fotos Unsplash Maksym Kaharlytskyi Daniel Gonzalez  Simone Secci

Autor: Cristina Castejon

De letras hasta la médula, siempre he pensado que la narrativa es el pastel, no la guinda. Da igual que sea en un libro o una peli, las buenas historias siempre nos enganchan. Escribo para mi blog www.cdecontar.com y para todo aquel que necesite poner alma a su marca o servicio. Me encanta mirar escaparates, contemplar fachadas y descubrir rincones escondidos. Creo que Zaragoza está plagada de buenas historias: ziudadanos curiosos, ¡callejeemos para darles caza!

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