A contracorriente: Explora gastronómicamente tu propia ciudad

Tapa Falsa Ostra

Atrás quedaron aquellos tiempos en los que íbamos a comer al Fuelle carnes a la brasa en las celebraciones familiares o, en los que, cuando pensábamos en gastronomía aragonesa, sólo se nos venían a la mente imágenes de un ternasco, un cabrito o un cochinillo, con muchas patatas en cazuela de barro, una fuente de borraja y una botella de Cariñena peleón al lado (con los vinazos que hace la D.O. ahora).

 

Menudo salto de tigre ha pegado la cocina de la región en los últimos 20 años en los que muchos hemos vivido fuera pero hemos seguido volviendo de vez en cuando, observando la paulatina innovación en las formas de cocinar el producto de la tierra, en las incorporaciones de otros nuevos que le permitían ensalzarlos, en las sofisticación de las recetas y en la inconmensurable variedad de tapas, pinchos y bocados que en otras comunidades considerarían un primer plato (cinco veces más caro).

 

Todos estos factores son los que han situado a Zaragoza en la ruta de las ciudades gastronómicas europeas que no te puedes perder. De hecho, el Concurso de la Tapa 2016 tuvo semejante éxito de afluencia desde todas partes de España y con tamaña calidad que salió reflejado hasta en el diario The Times británico en un artículo que recomendaba una escapada de 4 días a nuestra ciudad. A mí no me extraña, sobre todo si el periodista se comió las 50 tapas que probé yo como jurado del concurso. De los 22 bares a los que fui, sólo hubo uno en el que confundieron la creatividad con el barroquismo sin criterio ni gusto alguno. En el resto, no me pude dejar ni las migas. El rango que tienen nuestros cocineros se debe destacar.

 

Y lo mejor de todo es que ese talento no se concentra en el Tubo, como muchísima gente aún cree, no sólo de fuera sino de aquí de toda la vida.

 

Los buenos bares se esparcen por todos los barrios, desde la Almozara hasta las Fuentes, donde una se encuentra con joyitas como el Martana (Calle Río Guatizalema 2) o El Escondite (Paseo de los Rosales 30), respectivamente; desde el Jauja (Calle Embarcadero 2) en Casablanca hasta Santa Isabel, donde La Vieja Caldera ganó el concurso con su “falsa ostra de borraja y jamón, patata y tierra de Teruel”.

 

Tapa Falsa Ostra

 

Hay que explorar, hay que salir del centro, hay que meterse en ese bar que pinta cutre como el Servet (Miguel Servet 24), que me dejó patidifusa con la tapa de foie, o como ocurría con la Senda (Calle de Fray Julián Garcés 24) en San José, cuya cocina alcanzó tal fama que ha podido permitirse una renovación al más puro estilo Estrella Michelín y la apertura de otro local en la Zona.

 

restaurante la senda

 

La Zona, por cierto, se quedó con la etiqueta de ‘pija’ desde que yo era adolescente y resulta que hoy es más barato tapear allí que en el Casco Histórico. Por poner varios ejemplos: el Atípico (Lacarra de Miguel 18-20), tanto a nivel decorativo como culinario, es ineludible; pero es que en ese mismo estilo, la Bocca (Madre de Vedruna 6) o el Marengo (Francisco de Vitoria 5) tienen una barra de tapas sensacional y unos menús con la relación calidad/precio tan ideal que más te vale reservar.

 

Tampoco es fácil encontrar un hueco en la Taskeria (Bruno Solano 5) , ¿dónde si no te van a poner un carpaccio de pez espada o de lengua de ternera? O en El Bandido (Manuel Lasala 22), que colinda con el Parque Grande y, por unos dos euros la tapa, es otro alarde de originalidad.

 

el bandido zaragoza
No voy a ahondar en este post sobre croquetas y huevos rotos, nuestra inigualable especialidad, pero sí que quiero mencionar que en mis viajes por toda la península he ido catando huevos rotos con verdadero afán y, como aquí, jamás, en ningún lado. ¡Los cuajan! ¿Me lo podéis explicar?
Por supuesto, aunque ya no nos limitemos a ir sólo a La Bodega de Chema (Félix Latassa 34) ni a La Lobera de Martín (Coso 35) a comer carnaza, el ternasco continúa siendo el producto regional estelar.

 

Y qué maravilla los cortes que están surgiendo nuevos de esos cuchillos y las recetas tan rompedoras con las que nos asombraron durante el Concurso del Ternasco de Aragón. Qué delicia. Ni de broma mi abuela se habría imaginado freírme una hamburguesa de ternasco del Mercado Central, por no hablar de un kebab como hizo la Parrilla Albarracín (Plaza Ntra. Sra. del Carmen, 1-2-3) o un Bao-bao chino como La Ternasca (Calle Estébanes 9), o el canelón que se marcó el Morris (Calle Mayor 1) y aún estoy babeando. Con la morcilla, la longaniza y la chistorra pasa algo semejante: Que están muy ricas en la barbacoa con los amigos, pero las barbaridades que estoy degustando, como el nido de longaniza batida o la tosta de morcilla con manzana del Pequeño Cascanueces (Policarpo Romea 8), en la Magdalena, le dan un punto que jamás osamos ni soñar con el paladar.

 

la ternasca

 

Me hace gracia cuando la gente viaja a Euskadi y vuelve con la cámara llena de fotos de sus espectaculares barras. Sí, viví allí del 1996 al 2000, y soy consciente de que la gastronomía vasca gravita en una estratosfera difícil de alcanzar. Si bien, lo que nos falta en Zaragoza no es calidad, ni de los productos, ni de los chefs; sino profesionalizar el sector mucho más y creérnoslo, conforme se debatió en el Congreso gastronómico Love Clients: que los cocineros se unan para generar la Marca Zaragoza como gran atractivo para disfrutar de la capital. Pero yo propongo más: que los zaragozanos apostemos mucho más por variar, por descubrir, por darles a los cocineros esa oportunidad de agasajarnos con nuevos sabores y en calles por las que no solemos transitar. Así de paso, cuando vengan los visitantes, no les mandaremos al Tubo tal que si fuera un parque temático, sino que podremos aconsejarles un sinnúmero de bares y restaurantes más.

 

Veréis cómo no vuelven a decirnos más lo típico de “Pues yo estuve una vez en Zaragoza y sólo vi la estación de autobuses, el Tubo y el Pilar”.

(¡Por favor, aprovechad este post para recomendar aquí bares de vuestro barrio que creáis que los demás debemos conocer!)

 

Este artículo pertenece a la serie ‘A contracorriente: reencuentros con una Zaragoza cambiante’ en la que mostramos la visión de zaragozanos que han vuelto a la ciudad tras haber estado viviendo fuera durante años.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *