Espías por un día en la compañía de danza LaMov

Un museo puede marcar el final de un proceso creativo o, como en el caso de la compañía de danza LaMov, el comienzo. Los bailarines de esta compañía aragonesa tienen en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza su lugar de trabajo. Allí ensayan y dan forma a sus nuevas producciones. La última fue ‘Terrenal’, sobre la relación entre la vida y la muerte, y a final de año estrenarán espectáculo basado en Buñuel. La versatilidad y búsqueda constante de nuevos lenguajes son señas de identidad del proyecto, nacido en 2008 bajo la dirección del madrileño (maño de corazón) Víctor Jiménez, ex bailarín de la compañía de Víctor Ullate, pupilo directo de Maurice Bèjart y bailarín solista de la Ópera de Lyon.

 

Durante un ensayo abierto al público, conversamos con Jiménez y nos convertimos por una hora en espías visibles pero silenciosos de su trabajo. Es la segunda vez que los bailarines reciben espectadores en la sala del Pablo Serrano donde cultivan día a día su técnica. El aforo es de 25 personas y la actividad está limitada a unas fechas concretas en horario de mañana (de 11:00 a 12:00 horas). “La experiencia está siendo muy positiva”, nos dice el director de la compañía, quien apostaría, de hecho, por hacer todos sus ensayos de acceso libre. “La idea es que la gente diga ‘ah, pues tengo media hora libre, voy a ver a la compañía de danza a ver cómo ensaya, a ver qué hacen hoy, a ver qué están preparando…’ Eso crea expectativa, nuevos espectadores, fideliza también, y es una opción cultural más para la ciudad”, expresa.

 

©Alberto Rodrigálvarez

 

El espacio donde ensaya LaMov está en la cuarta planta del museo. Se accede a ella desde la sala de exposiciones así que para los que, como nosotros, llegan pronto a la cita hay recompensa. Mientras esperamos, podemos darnos un paseo por la exposición ‘Inkless’, del artista brasileño Renato Costa, en cartel hasta el 14 de enero. LaMov y Costa comparten pared: a un lado la danza y al otro la pintura, la fotografía y el vídeo. “Trabajar aquí, rodeados de obras de arte, es una inspiración, un semillero para crear”, nos comenta Jiménez.

 

 

 

 

 

Hay otro aliciente vinculado al espacio: la luz. Los bailarines ensayan en una galería acristalada con vistas al Paseo de María Agustín. El gran ventanal dividido en formas triangulares queda a su espalda y funciona de perfecto decorado para los ejercicios de ballet que realizan frente al espejo. En un discreto lateral nos situamos los espías por un día, observando de cerca los movimientos de los bailarines y también el reflejo del grupo, y de la ciudad, en el espejo.

 

 

Pliés, relevés… Los ejercicios de ballet clásico dominan la primera parte del ensayo. En barra y sin ella, los bailarines ejecutan pasos y posiciones marcadas por el director y siguiendo el ritmo de la música. “Nuestra base es clásica. Todos los días hacemos una clase de clásico y luego ya, dependiendo del espectáculo, vamos por un camino u otro. Estamos constantemente investigando para que cada propuesta sea más innovadora, más sorprendente, con más calidad”, explica Víctor Jiménez.

 

 

 

En total, hay 14 bailarines en la sala, 9 mujeres y 5 hombres. Componen un grupo joven, de entre 20 y 31 años. Cuatro de ellos son becarios y de estos, dos han ingresado a través de un nuevo programa de inserción profesional del Gobierno de Aragón. “La gente sale de los conservatorios sin rodaje y estas becas suponen para ellos una preprofesionalización. A medida que van evolucionando, se valora si pueden salir a escena”, detalla el director de LaMov, quien destaca el buen ambiente y la unión que existe en el grupo. “En el día a día se crea un vínculo especial, casi respiramos todos a la vez y eso es muy importante. Si no, no podríamos aguantar ocho horas juntos en una furgoneta hasta Cazorla”, bromea.

 

© Alberto Rodrigálvarez
© Alberto Rodrigálvarez

 

Ese viaje a Cazorla marca, precisamente, la segunda parte del ensayo. Al municipio jienense lleva LaMov al día siguiente su obra ‘7 pecados capitales’ y el director quiere repasar con el grupo algunas partes de dicha coreografía, que representa un viaje a los instintos más primarios y salvajes del ser humano. Se revisan posturas, movimientos, expresiones. “Que el movimiento sea consecuencia de la acción, que ocupe el tiempo que tiene que ocupar. No anticipemos nada”, pide Jiménez. La puesta a punto es un regalo para los espías por un día. Permite acceder a claves, descubrir intenciones, ver el espectáculo (un fragmento en cualquier caso) desde una perspectiva nueva. Pedía el director darle tiempo a los movimientos y los espías nos llevamos del ensayo algunos grabados a cámara lenta. También el deseo de repetir. La siguiente oportunidad será el 22 de noviembre.

Autor: Laura Gil

Periodista y consultora freelance de comunicación. Fan de las tiendas de barrio y las calles de Zaragoza. Genero contenidos para marcas, medios y agencias de comunicación. Aprendizaje continuo sin perder de vista lo esencial: las buenas historias.

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