Yolanda Pallás: «tengo pocos clientes a la vez, porque los atiendo de ‘poco en poco’, personalizadamente».

Elisabeth G Iborra 8 agosto, 2019
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Yolanda Pallás es una aragonesa de lo más ecléctico que, curiosamente, comenzó medicina en la Universidad, pasó a estudiar administración e informática, y, explorando su faceta más creativa, se dedicó también a pintar, escribir, hacer manualidades y artesanía. Con esa curiosidad polifacética, se ha preparado como profesora de informática, diseñadora web y gráfica, especialista en redes sociales… y, a su vez, en desarrollo personal. Por eso le preguntamos cuál es su verdadera vocación, a lo que responde: “mi vocación está en lo que estoy haciendo en el momento (un momento que puede durar años), y me encanta saber que, en realidad, estoy haciendo lo que quiero. Me hace sentirme libre”.

 

Se reconoce “una persona muy inquieta, por decirlo de alguna forma, y me gusta aprender un poco de todo. Eso sí, siempre que comienzo una actividad en mi vida, me lanzo de lleno a ella. Por ejemplo, llevo estos últimos años con el tema de la escritura y me he dedicado a estudiar todo lo que supone escribir, maquetar un libro, editarlo, promocionarlo, crear una marca personal, etc., hasta que he conseguido esas 10.000 horas que dicen que hay que tener… No digo que ya lo domine, pero creo que estoy llegando cerca, sobre todo, en el tema de marketing. A escribir, tengo que seguir aprendiendo”, confiesa, y para eso sigue haciendo cursos.

 

 

Según comprueba escribiendo a diario al menos unas horas, “todo lo que he estudiado, aprendido o experimentado me ha servido para crear universos literarios, historias más o menos reales, más o menos fantásticas”. Además, maqueta y corrige no solo sus libros sino los de otras personas, clientes de su consultoría informática. “Ya lo he hecho con unos cincuenta libros. En algunos de ellos, diseño la portada; en otros, contamos con ilustradores. Después hay que prepararlos para la publicación, tanto para mí como para mis clientes, usamos la plataforma de Amazon”. A ellos también les ayuda a ir “creando la marca y la presencia con el tiempo, no es algo de un mes”.

 

No suele hacerles la corrección de estilo, porque lleva mucho tiempo, pero sí que les lleva las redes sociales y, a veces, “la estrategia completa de marketing, que va desde qué, cómo y cuándo publicar, y en qué redes, hasta crear embudos de captación de clientes. Suelo también editar fotografías, audios y vídeos”.

 

 

Su faceta didáctica, la inició al dar clases en 1999 por Internet: “Uf, cuánto tiempo –bromea-, creo que fueron de las primeras que comenzaban, para el Instituto de la Mujer. Recuerdo que había cursos que tenía unas 500 alumnas a la vez. Pero me organizaba bien. Después pasé a dar clases presenciales, y así hasta ahora”.

Además, estos años está impartiendo cursos de escritura creativa y autopublicación en diferentes lugares. Porque todo lo que aprende de diferentes fuentes puede “transmitirlo a otras personas y lo cierto es que dar clases me gusta mucho”.

 

Su proyecto en Made In Zaragoza consiste, básicamente, “en hacer accesible la publicación de un libro a cualquier persona que tenga esa inquietud, pero no sepa cómo hacerlo”. Le acompaña en todo el proceso y le crea toda la trayectoria completa.

 

Yolanda confía en que puede cubrir esa demanda social actual que consiste en hacer todo el proceso personalizado. Hay muchos cursos online de autopublicación, yo también tengo alguno, pero al final me he dado cuenta de que cuando más he aprendido es cuando tengo un mentor a mi lado que me ayuda, personalmente, con mis circunstancias concretas. Por eso tiene pocos clientes a la vez, porque los atiende de “poco en poco”, personalizadamente. “Y puede ser de un mes o de seis, depende de las circunstancias personales”.

 

 

Su prolífica obra

Entre sus novelas (recientemente ha publicado la décimo-tercera), ha tocado “romántica, fantasía paranormal, fantasía épica, thriller, relatos, desarrollo personal e infantil. Algunas están en editorial, las románticas, ya que a partir de ganar en 2018 el Certamen Romántico Bubok, ellos publican todas mis novelas románticas. El resto son autopublicadas. Digamos que soy una escritora muy mixta, en todos los sentidos”, sonríe.

 

Al principio, se lo tomó como un hobby, incluso se escudó tras el pseudónimo Anne Aband porque “en realidad, yo quería escribir libros de informática. Pero luego en 2018 vinieron los premios y las ventas… y dije: ‘¡vaya, pues no lo debo hacer tan mal!’, así que pensé que poco a poco me iría dedicando a ello. Y estoy encantada”.

 

¿Se puede vivir de la escritura, entonces? “Estoy feliz de escribir, llena mi vida y me encanta poder llevar mis historias a los lectores; pero, de momento, no puedo vivir de ello. También es cierto que me encanta mi trabajo y tampoco lo quiero dejar –por ahora-, pero espero que de aquí a unos cuatro o cinco años solo me dedique a escribir”.

 

La pregunta obligada es qué le queda pendiente, claro. “Me encanta bailar, pero ahora no tengo tiempo, hace años sí que fui a cursos de baile latino. Además, me encantaría retomar la pintura, pero en una tableta digital… Estos son cosas que se me ocurren de vez en cuando; pero, de momento, no puedo. Además, tengo una carpeta en mi ordenador con unos 40 proyectos de libros, así que yo creo que tengo historias para escribir hasta que me muera jejeje”.

 

Como siguiente proyecto, en septiembre comienza las clases en Ibercaja de informática para personas mayores, pero son solo dos días. Así que tendrá tiempo para trabajar con otras personas y para escribir: “tengo entre manos una nueva novela romántica y quiero hacer dos segundas partes de novelas que ya he publicado”.

 

 

Consejos para sus clientes o admiradores

Yolanda recomienda a las personas que quieran dedicarse a sus mismas disciplinas, “trabajo y perseverancia. Si de verdad te interesa algo, hay que lanzarse a la piscina, es decir, formarte todo lo que puedas, pero no quedarte en la formación, hay que pasar a la acción”. Lo resume como FORMACCIÓN, o sea, “aprender y practicar, y sobre todo, ser perseverante, porque sin constancia es complicado llegar arriba”.

Aparte, si tuviera que dar un consejo para aquellas personas que tienen un libro en el cajón es que no tengan miedo y se lancen. “Mis primeras novelas no tienen nada que ver con las que escribo ahora, pero de eso se trata. De aprender y practicar. No hay que tener miedo a que algo no sea perfecto. Si esperas que esté perfecto al 100%, jamás publicarás el libro”. Y concluye: “lanzarse al vacío es la única forma de aprender a volar”.

 

 

 

 

 

 

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