Tierra de Nadie, un poemario de David Lorenzo Cardiel para pensar

David Lorenzo Cardiel es, por su vocación filosófica, más ensayista que poeta, pero acaba de publicar su poemario Tierra de Nadie con Anorak Ediciones. Su poesía, asegura, “está cargada de filosofía, entre otros temas y contenidos, porque mi forma de entender y de plantearme el mundo es permanentemente bajo esa mirada filosófica. Y en este sentido, la poesía dificulta al autor huir de su propio reflejo, por la intensidad tan honda que casi siempre requiere el poema de su contenido para poder ser tal y no, en cambio, otra construcción literaria”.

 

  • ¿Cómo surgió la posibilidad de publicar tu propio poemario?

 

Surgió, en cierta manera, de forma accidental. Llevo escribiendo poemas desde la adolescencia pero, sobre todo, desde los primeros años de la veintena. Mi forma habitual de escribir poesía es cada poema de forma separada, es decir, según surgen los temas y la necesidad de contar algo, no imponiéndome una temática y elaborando un libro a su medida. Con anterioridad a Tierra de nadie escribí y dejé guardado en un cajón un poemario que apenas he movido, porque quería seguir perfeccionando mi escritura.

 

Fue pasando el tiempo y entonces llegó la segunda mitad de 2016 y se convocó un conocido premio de poesía, y busqué entre los poemas que había ido escribiendo desde algunos años atrás. De entre todos, seleccioné veintiuno, porque veía en ellos, a pesar de su heterogeneidad temática al ser leídos individualmente, un cierto hilo conductor. Y le di forma a Tierra de nadie. No gané el premio, pero me quedó el libro ya edificado. Lo releí varias veces más antes de tomar alguna decisión sobre él y comprobé que tenía una calidad literaria suficiente, por lo que decidí moverlo.

 

  • ¿De dónde salen tus poemas, de las entrañas o del cerebro?

 

¡De ambas! En mi caso, no encuentro demasiada diferencia entre racionalidad y sentimiento. Al final, lo que pensamos también lo sentimos, y viceversa. Lo que sí permite la poesía es una expresión muy directa, muy genuina, a la hora de transmitir lo que sentimos o pensamos. En narrativa, si se quiere ganar una especial intensidad frente a la descripción y sucesión de acontecimientos es necesario acudir a una prosa poética que nos permita, como lectores, sentirnos plenamente inmersos en el interior de ese contexto imaginado. Incluso en este caso, aquello que se desea contar debe ser depurado primero dentro de la mente del escritor, y graduarlo en intensidad hasta adecuarlo a la que exige la voz y el pulso narrativo en cada momento, según se va desarrollando y edificando la narración.

 

En poesía, se puede y se debe racionalizar aquello que queremos contar antes de dejar terminado un poema, pero la naturaleza expresiva de este género obliga al poeta a conservar en lo posible la plena intensidad de cuanto pretende transmitir. Las palabras deben seleccionarse con esforzado esmero; las descripciones, ser breves; las imágenes, precisas y certeras. Hay un gran trabajo de expresión, de visceralidad y de pulcritud detrás de cada poema. Al menos, en mi caso, así sucede.

 

  • ¿Y sus títulos, que algunos son más largos que los poemas?

 

La mayoría de títulos de los poemas del libro son largos, aunque sólo uno o dos de ellos reúnen esta particularidad que me comentas. Cuando escribí la mayor parte de los poemas de Tierra de nadie estaba inmerso en una época de experimentación literaria, y me pareció una buena idea dotarlos de unos títulos muy narrativos, por así decirlo, que enunciaran en cierta medida el contenido del poema y que, al mismo tiempo, se fundieran con él, cediéndole su propio sentido. Pero también pasaba por una etapa en la que estuve fascinado por la evocación de los insectos como imagen de nuestra naturaleza social e individual humanas. Por eso muchos de los títulos comparan conceptos sociales, filosóficos o científicos con comportamientos de determinados de estos animales. Detrás de ese mundo brutal que nos resulta tan ajeno como mamíferos que somos observo demasiadas equivalencias con nuestro proceder social y la forma de concebir el mundo que nos rodea.

 

  • ¿Qué temáticas son las más habituales en tus poemas?

 

Tierra de nadie es una colección de poemas que, leídos individualmente, reflejan una gran diversidad temática, pero casi siempre mediante dicotomías. Por un lado, está presente el amor romántico visto desde una mirada descreída y crítica, pero que se desea. En oposición a él, la buena amistad, como bálsamo que cicatriza las heridas de las desilusiones y llena los vacíos que nos van ahuecando con el paso del tiempo.

 

Por otro, la bondad, la generosidad que de ella deriva y la necesidad de ejercitar esa bondad para alejarnos de los males individuales y sociales que nos azotan y que nos acechan, y, opuestamente a él, esa misma oscuridad, tan presente a nuestro alrededor, que busca mantenernos presos en la cueva platónica de la irreflexión y la insensibilidad. O la vida sencilla como promesa de felicidad y bienestar común e individual frente al miedo a la vida, que nos invita a comportarnos de forma compulsiva, con arrogancia y con competitividad desmedidas frente a nuestros iguales.

 

Sin embargo, unidos los poemas, hilados ya en el libro, responde, en mi parecer, a una pregunta con dos aristas: «¿cuál es nuestro lugar en el mundo?», tanto planteada como conjunto humano como respecto de nuestra individualidad personal. En el libro, invito al lector a plantearse esta reflexión pero, además, a que haga suyo cada verso, cada poema, el poemario en su plenitud, y extraiga de él aquellos elementos, ideas, sentimientos y conclusiones que le resulten más reconfortantes o que le surjan en el momento de su lectura. Este es mi mayor deseo: que el libro se transforme en muchos, en uno diferente para cada lector.

 

Foto de David Lorenzo Cardiel realizada por el fotógrafo Marcos Cebrián.

 

 

Coincido también con la opinión de Carolina Millán que aparece reflejada en ese artículo. Quienes amamos la poesía debemos hacer un esfuerzo unificado por seguir acercándola a todos los públicos, hacia los que ya están familiarizados con ella y hacia los que todavía no, o no tanto. Por el contexto de oralidad de las civilizaciones de la antigüedad los principales relatos que nos han llegado hasta nuestros días y que constituyen nuestra forma occidental de concebir el mundo han sido elaborados en forma de cantos y poemas. La poesía ha sido el vehículo durante miles de años para narrar historias. En nuestros días, en cambio, la poesía es frecuentemente imaginada como un género difícil, denso e incluso incómodo, porque nos obliga a enfrentarnos a ideas, y sobre todo a sentimientos y descripciones expresados con una gran intensidad.

 

 

Contrariamente, el espíritu de nuestro tiempo tiende a ser, lamentablemente, acrítico. Impera una idea de superación civilizatoria alcanzada, donde nuestro modelo social se nos antoja inmejorable; sus posibles defectos, sucesos pasajeros; nuestro modo de vida, inalterable. Por tanto, aquellas lecturas que nos recuerdan tanto las deficiencias como las virtudes de nuestro actual modo de vida, así como de los resquicios de la naturaleza humana, suelen sentirse como un aguijón que amenaza con cuestionar nuestra frágil sensación de inmutabilidad de la que nos hemos impregnado, y por eso también su lectura tiende a ser menos deseada.

 

En estos momentos, que todavía vivimos el horripilante fantasma de la crisis económica y sus devastadores efectos, andamos inmersos en una búsqueda de respuestas a lo sucedido y a lo que está sucediendo, y también responder a la necesidad de sentirnos reflejados en un diálogo sobre nuestros conflictos interiores y exteriores con otras personas, necesitando imperiosamente contar y que nos cuenten, comparar y explorar mucho más que en años anteriores. La literatura es nuestra brújula humana, y géneros como la poesía ayudan a ubicarnos. Por eso creo que es importante vincular el nuevo auge de la poesía con el del ensayo y el de la novela de autoficción.

 

Dicho esto, y compartiendo la alegría por este esplendor que está viviendo la poesía, aprovecho para hacer un llamamiento a la prudencia. Debemos centrarnos en desmitificar la poesía, quitarle ese velo de dificultad añadida que no es realmente tan arduo como se pinta. Es el momento de que las editoriales que apuestan por la poesía lo hagan con absoluta contundencia, realizando habituales lecturas y actos con autores de diversos géneros literarios, permitiendo que la belleza y el placer lector que encierra la lectura de poemas y versos quede al descubierto y cada vez más lectores decidan abrigarse en su abrazo firme. Sólo acercando la poesía a todos los públicos desde los propios clubes de lectura y los colegios e institutos podrá revitalizarse verdaderamente un género que, de simplemente cosechar los frutos presentes, un día pasará esta ola y volveremos a la situación inicial.

 

  • ¿Cuáles son tus referentes e influencias poéticas?

 

Encuentro influencias bastante heterogéneas en los poemas de Tierra de nadie. Observo la claridad simbólica de Antonio Machado, el soplo de modernidad de Manuel Vilas, el sentir de Safo de Mitilene (inicio el libro citando un par de los versos de entre los que se han conservado hasta nuestros días), el pulso contra la injusticia, quizá, de Miguel Hernández. Los ecos clásicos han influenciado sobre todo en la temática y el símbolo potente pero limpio, luminoso, clarividente. En cuanto a referentes poéticos, la fascinante poesía de Emilio Pedro Gómez, a quien tanto admiro y cariño guardo. 

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