Los mundos oníricos de Cecilia de Val

Sergio Sevilla 29 mayo, 2016
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Objeto de Deseo III: Cecilia de Val

Cecilia de Val (Zaragoza, 1975) es una fotógrafa y artista con una amplia trayectoria profesional. Su obra fotográfica es un viaje visual por un mundo onírico lleno de narraciones literarias donde los personajes (muchas veces autorrepresentaciones de la propia artista) aparecen en escenarios y arquitecturas propias del subconsciente, escenarios simbólicos llenos de sutilidad y belleza. Un maravilloso viaje a un mundo tan personal como enigmático.

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En sus obras, Cecilia de Val parte del concepto tradicional de fotografía como elemento documental de la realidad para ir más allá y transformarla, jugando con la hibridación con otras disciplinas como la pintura, la escultura, la instalación o la performance. Sus obras tienen una infinidad de referencias e influencias que van desde la cinematografía al cómic, pasando por la ciencia ficción, el cine fantástico, la literatura tradicional, las narraciones infantiles, la pintura clásica y renacentista o incluso la música folk.

En sus series fotógraficas, vemos cómo juega con la experimentación visual, con los conceptos artísticos tradicionales y, sobre todo, con la fina línea que separa la realidad de la ficción, el sueño de la realidad. Además, aparece la propia artista autorepresentada como motivo central de la imagen. Cecilia se introduce en la imagen, en su sueño, y es la protagonista -casi literaria- de sus narraciones y delirios, duplicándose o incluso multiplicándose en muchas ocasiones para hablarnos de temas como la identidad, la individualidad, el ser, temas de género, feminidad y belleza.

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El concepto de belleza es un tema recurrente en la obra de Cecilia. Belleza entendida como la característica de algo que ofrece una sensación de placer o un sentimiento de satisfacción a través de una experiencia sensorial, en su caso, a través de la contemplación. La belleza como tal es un concepto subjetivo y Cecilia de Val investiga en estos terminos de subjetividad aproximando el concepto de belleza a otras sensaciones tales como el miedo, la inquietud o el dolor creando imágenes perturbadoras llenas de fantasía, evocaciones y referencias. Y es que la belleza puede atraer y asustar por igual.

En este personal imaginario visual, Cecilia aparece retratada como protagonista en escenarios oníricos creados con extremo cuidado e increible detalle donde comparte espacio -y protagonismo- con animales que parecen extraídos de cuentos infantiles o del mismo subconsciente personal de la artista. El personaje del animal, al igual que en las fábulas y los cuentos infantiles, le permiten crear un diálogo simbólico lleno de referencias concpetuales. La podemos ver compartiendo picnic con un rinoceronte en un entorno postindustrial, dormida bajo un tigre, con un buitre, rodeada de lobos o cuervos, junto a un cebra en un bosque postapocalíptico o en una charca flotando cual Ofelia en el agua junto a flamencos. Imágenes eternas suspendidas en el tiempo que nos causan inquietud por lo extraño de la situación, provocando curiosidad y a la vez temor por lo que puede suceder o ha podido haber sucedido.

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Al mismo tiempo que Cecilia se presenta como protagonista de sus sueños, va ofreciendo protagonismo también al paisaje o escenario donde recrea sus fantasías. Sus escenarios son seleccionados con extremo cuidado y detalle; son espacios industriales, postindustriales y naturales. En la búsqueda de escenarios también se puede ver una evolución; de los primeros espacios usados que son arquitecturas volumétricas en las que aparece la fotógrafa multiplicada va pasando a escenarios industriales y postindustriales, grandes espacios en ruinas, degradados, olvidados y rescatados por Cecilia para vivir sus fantasías narrativas. Poco a poco de los escenarios industriales, tácitamente urbanos o periurbanos, va pasando a espacios naturales donde la protagonista aparece como una heroina literaria jugando múltiples papeles (desde una inquietante Caperucita Roja a la mítica Ofelia de Hamlet). El uso de los espacios naturales de indudable belleza se va haciendo más habitual y Cecilia ahonda en el concepto de belleza natural y de lo sublime, entendido como la belleza extrema, casi irracional, que incluso puede provocar dolor por la imposibilidad de asimilarla.

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Investigando en el género del paisaje, Cecilia va cediendo protagonismo tanto a otras personas (introduce personajes masculinos) como al paisaje, en un proceso en el que se va perdiendo casi cualquier referencia del individuo en la imagen. En una de sus últimas series «La pesanteur», el paisaje cobra total protagonismo y la artista plantea una aproximación al desamparo que sufre el ser humano al haberse alejado de la naturaleza analizando el alejamiento del hombre de la naturaleza como algo inevitable de la sociedad posmoderna. Únicamente vemos, en algunos casos, una  cabellera suspendida en el aire en esos entornos naturales misteriosos, una referencia simbólica o metáfora de la levedad y del desamparo del ser humano.

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Ahora Cecilia de Val llega a Córner MIZ para realizar una intervención en la que, a través de una foto-instalación, va a reflexionar sobre la definición de fotografía en la era tecnológica y su carácter binario que bascula entre realidad y virtualidad. A partir de imágenes de paisajes acompañadas por cristal o metacrilato intervenido, Cecilia establece un diálogo entre fotografía y objeto en una época en la que la fotografía está poco a poco desmaterializándose.

Presentación de la intervención: jueves 2 de junio de 2016 en Zaragoza Activa (La Azucarera)

Fotografías: Cecilia de Val.

Autor: Sergio Sevilla

Gestión e Innovación cultural (I+C) Búsqueda de conexiones culturales en espacios de tránsito. Take a walk on the Art side.