Estela Millán: «Me he dado cuenta de lo vulnerables que somos, de lo fácil que es equivocarse, de lo fácil que es entrar en una cárcel»

Maria de Rada 2 julio, 2020

Estela Millan desprende una calma que hoy en día es difícil de encontrar. Esa calma que solo encuentran los que se la trabajan y los que hacen un propósito sincero para llevarla acabo y ser consecuente en todas sus acciones.

Esa calma que aparece cuando lo que piensas, lo que dices y lo que haces está conectado, todo eso tan difícil de llevar acabo parece que en Estela a simple vista es real.

Estela lleva un proyecto desde hace 11 años, Bienestar emocional para todos, un proyecto de acompañamiento de gente de diferentes colectivos, casi todos ellos en riesgo de exclusión social, en el hospital en la cárcel o con personas mayores en centros de día, en la mayoría llevan más de 9 años…

Conocí a Estela dando una pequeña charla en un evento de mindfulness All one Proyect y me llamó mucho la atención su proyecto en la cárcel de Zuera, por eso toda nuestra conversación gira en torno a este tema.

Me llama mucho la atención un proyecto de estas características, de inteligencia emocional,  en la cárcel, no parece un sitio fácil para realizar algo así…

En la cárcel llevamos diez años impartiendo talleres y cursos y llevamos 4 grupos de manera constante todo el año. Principalmente hacemos relajación, a través de diferentes técnicas y mindfulnes, hacemos muchos proyectos…

Y en la cárcel, porque nosotros creemos mucho en las segundas oportunidades, todos nos equivocamos y todos merecemos una segunda oportunidad en esta vida.

¿Y cómo se apuntan los presos a estos cursos? ¿Voluntariamente?

Si, la gente se apunta voluntariamente. A ver, la gente en la cárcel está mal, la gente o mucha gente puede pensar “que se jodan” pero a mí me gusta verlo de otra manera, como que para ellos es una escuela de vida, para que se conozcan de nuevo a ellos mismos. Para estos cursos hay una lista de espera muy grande y eso que tenemos 30 o 40 en cada clase. Pero los que están en módulos de respeto, ya no reciben más puntos por ir a las clases y desean seguir viniendo a clases de inteligencia emocional.

De todas formas, nuestras clases no son clases a las que vayas para recibir puntos. Quien viene, es porque quizá ve que su compañero de celda le está sentando bien, y entonces quiere venir porque está mal. En la cárcel todo el mundo está mal y es una actividad que les hace muy bien y cuando te dicen “estamos deseando que llegue el miércoles” es una alegría, ves que merece la pena, por ellos, porque ves que son gente que quiere mejorar, que ya han pasado un proceso dentro de su condena y de repente se preguntan  y replantean muchas cosas.

¿La gente entiende que hagáis un proyecto así en la cárcel? ¿qué os dicen? Supongo que mucha gente se sorprenderá…

Mucha gente no entiende que los presos hagan cosas, pero al final es un proyecto de reinserción, que la gente se forme, que que haga actividades, que avance… Pero hay mucha gente que piensa  “el que la hace la paga».

A la gente eso si, les inquieta y les propone curiosidad, que trabajemos con la gente en la cárcel.

¿Hay alguna persona o alguna historia de las que te han contado allí que te haya conmovido o impactado más?

Mujeres que han sido engañadas para traer droga, madres solteras, gente normal que le han ofrecido dinero o le han metido droga sin que se enteren en la maleta, eso es muy duro de ver y escuchar esas historias… Porque las utilizan de cebo mientras otros pasan el alijo gordo. Estas cosas me suponen mucho conflicto interno.

Por otra parte, también me da mucha pena la gente mayor, que comenten delitos, pero que no dejan de ser personas que están sufriendo muchísimo en la última etapa de su vida, y la van a pasar en la cárcel.

Y a nivel positivo, ¿qué notas tú?, ¿que cosas ves que mejoran?  

Tenemos un montón de gente que ha rehecho su vida, y se han dado una segunda oportunidad.  Una cosa es que la vida te dé una oportunidad, y otra cosa es que la aproveches. Nosotros tenemos un índice de reincidencia bajísimo, muy bajo.

También, empiezan a valorarse un poco, a verse como personas, que creo que hasta el momento no lo veían…. Yo creo que a los presos nos une una cosa, y lo veo clarísimo, nos une la sensibilidad. Yo a veces les pregunto “¿por qué venís a esta clase?».

La sensibilidad bien manejada, al final, te lleva a hacer proyectos para ayudar a los demás, pero si lo manejas mal, te metes en líos.  Si eres extremadamente sensible, y no lo manejas bien, te cabreas con el mundo y empiezas a consumir para evadirte y el consumo te lleva a la venta, y la venta te lleva a delinquir… es una cadena.

Yo les digo: “A ver, esa sensibilidad que tenéis, vamos a aprovecharla. Vamos a sacar lo mejor de vosotros…”

Y cuando tú a alguien con 50 años le dices: ”tú eres buena persona” y jamás en su vida nadie se lo ha dicho, nunca nadie le ha dicho te quiero o le ha dicho que valga… y empiezan a verse de diferente forma, aunque luego la sociedad se encarga de recordarles quien son. Y quizá hay alguno que se lo merezca, pero en su mayoría, simplemente son gente normal, que un día se equivocaron.

Es tan simple como que sales una noche, bebes de más, te miran mal, te pilla el día cruzado y la lías. Y le das un golpe mal dado a alguien, y la has liado. ¿Eres malo? Pues no, pero has tenido un día muy torcido.

En la cárcel hay muchos perfiles, muchas historias, mucha vida rota. Muchas familias rotas, les  ayudamos a comprender que este momento tienen que vivirlo y no se pueden seguir evadiendo, consumiendo, tomando pastillas…

Les explicamos que el único lugar donde hay vida, es el presente, ni el pasado…pero sí que puedes cambiar tu futuro. Están más calmados, hacen relajaciones, descansan mejor, cuando descansas tienes mejor humor…Lo que más les insistimos en que se formen, hay muchos que tienen tiempo, años allí, que lo aprovechen formándose.

¿Y en qué te ha cambiado a ti estos 10 años?

Me he dado cuenta de lo vulnerables que somos, de lo fácil que es equivocarse, de lo fácil que es entrar en una cárcel. Yo antes pensaba que era imposible pero no lo es, no es tan difícil.

Todo el mundo tiene un punto débil, a veces intentamos encontrarlo y a veces nos lo ponen ahí, en bandeja y a partir de ahí trabajamos. La puerta de entrada es la debilidad de una persona, unas veces es la tristeza, otras el enfado, y a partir de ahí trabajamos y  lo intentamos transformar en el punto débil positivo.

Intentamos trabajar en esa línea de que busquen y encuentren un porque para su vida, su madre, sus hijos, ver a sus hijos jugar a fútbol, ver a tus hijos estudiar…

Si yo solamente veo en ti lo bueno, y te ayudamos a que el resto de la semana la líes lo menos posible, y no te tomes todo personal o empieces a relativizar….y que comiencen a ser más espectadores que protagonistas.

A veces se quedan con frases les digo: “sois como pececitos, os echan pan y caéis”, porque muchos de ellos son muy impulsivos y hay que controlar esa impulsividad.

Mientras no aprendas a controlar tus impulsos, lo mejor es evitarlo, para no liarla. Estos cursos les ayudan mucho a pausarse, el respirar. La respiración les ayuda muchísimo, desde que respiran, eso les cambia mucho.

Cada semana les intento recordar que tienen que respirar, la respiración consciente.  En el hospital pasa algo parecido, porque también están encerrados, y para todos, hace falta respirar.

¿Y tú como empiezas con todo esto?

Yo llevo haciendo meditación veinte años, y ahí di un giro un mi vida,  hubo un momento que me tocó vivir una situación en la que están en medio de un caos en tu vida  y de repente tienes que salir de ahí. Tienes la opción de hundirte o tienes la opción de mirar que te puede sacar de ahí.

Empecé a ocuparme de mi, ver que estaba pasando en mi misma, dejar de culpar a otros, y me formé en temas de inteligencia emocional y mindfullness y en eso llevo desde el año 2000, y el curso más intenso que he hecho, es trabajar en la cárcel.

Realmente cuando empiezas a parar un poco, te das cuenta de lo que hay dentro de ti, y de todo lo que hay alrededor de ti, y eso es un momento muy revolucionario, porque te das cuenta de más cosas, eres más consciente. Ahora intento vivir acorde con lo que predico.

Y además, enseñando es como más aprendes, enseñar es un aprendizaje.

Autor: Maria de Rada

Comunicadora, inquieta, curiosa y un pelín hiperactiva, se dedica profesionalmente desde hace más de quince años a dos campos profesionales. Por un lado en el ámbito de la comunicación es periodista-guionista de audiovisuales, radio y televisión, y por otro lado, se dedica al mundo del teatro y de la interpretación, es actriz, o como le gusta decir a ella "teatrera". En el campo de la comunicación y prensa ha trabajado durante más de quince años como periodista- guionista y reportera de programas para radio y televisión en diferentes cadenas: La Sexta, Cuatro, Telecinco, Movistar0, Aragontv, Eitb, Punto Radio, en diferentes tipos de programas nacionales y autonómicos y documentales. Y en el campo de la interpretación como actriz ha actuado en más de una decena de compañías, ha sido ayudante de dirección de Andres Lima y ha trabajado en diferentes producciones audiovisuales a nivel local y nacional. Además de estudiar en diferentes escuelas, y un Master oficial en artes escénicas. Además es locutora de anuncios de publicidad, vídeos, transportes...quizá si escuchas bien la puedes oír en más de un sitio de tu ciudad;) y del mundo. También da clases, cuando se atreven y le dejan, de todo lo anterior. Le gustan y tiene especial debilidad por las historias humanas y sociales, las historias de la calle, de la gente valiente que hace y lucha por un mundo mejor, por ello es la encargada de escribir la sección Miziudadanxs, donde nos traerá las historias más humanas a este blog.

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