Los viernes al museo: Marnie La Ladrona de visita en el Museo Pablo Gargallo

urano

Hola ziudadanos curiosos,

 

Zaragoza está cuajada de museos, ¿los conocemos todos? Yo desde luego no, o los visité en su tiempo y ya casi no me acuerdo… Así que me lo he tomado como un reto, visitaré un museo los viernes y os iré contando las andanzas de sus artistas y las curiosidades de sus obras.

 

PRIMERA ENTREGA: MARNIE LA LADRONA EN EL MUSEO PABLO GARGALLO

 

No se qué tiene el museo Pablo Gargallo que hace que me quiera llevar todas las esculturas a mi casa. No os penséis que mi casa es precisamente un loft pero es que… Me invade una especie de reacción cleptómana.

Las miro y las remiro, acerco la mano con los dedos extendidos, refunfuño,  y…  aparto la mano. Si todos fuéramos tocando las esculturas de Gargallo ¡no sé qué quedaría!

El Pablo Gargallo es uno de mis museos favoritos en Zaragoza.

 

Seguro que muchos de vosotros lo conocéis. Si no habéis entrado, -mal hecho-, habréis pasado por la plaza San Felipe y habréis visto los jinetes. Aunque vayas con prisa, sea de noche o de día, vuelvas del casco con algún vermú o copa de más, llaman la atención.

 

Desde lejos ya se ve que no son las típicas estatuas ecuestres, no son militares con uniformes condecorados, los cuerpos están desnudos, en torsión sobre sus monturas y sus caras son pura llamada, la boca abierta, el brazo alzado: ¡te están gritando! Pues la próxima vez… ¡hazles caso!, entra en el museo y conócelos mejor.

 

Pero primero sepamos algo del escultor Pablo Gargallo, ese flequillo lacio y rebelde nació en Maella, ¿Lo sabíais? Espero que los de Maella si…

 

En la familia Gargallo latía una vena artística: su hermano Luis era vidriero y su otro hermano, Francisco, director de cine. Se trasladan a Barcelona en busca de una vida mejor y hacen lo que pueden para salir adelante, entre otras cosas los hermanos Gargallo cantan como coristas en el Teatro del Liceo.

 

museo pablo gargallo

 

Pero a Pablo el arte le atraía como la miel y con solo 14 años entra en un taller de alfarería de aprendiz y acude a clases nocturnas de dibujo. Más tarde estudia en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja y llegan las primeras exposiciones.

 

Como todos los artistas se acaban atrayendo como imanes, Pablo pronto conocerá en el café Els Quatre Gats a Picasso, y otros pintores y escultores de Barcelona. ¡Menudo grupo! Lo que daríamos por verlos hablando y brindando…

 

Pablo viaja a Paris en varias ocasiones, la gran marmita donde se cocía todo lo que valía la pena en esa época.

 

Estudia a Rodin, conoce a Max Jacob, avanza en su formación y va alternando estancias entre Barcelona y Paris; y creando obra escultórica como la del Hospital de San Pablo de Barcelona, con trabajos como reproducciones de medallas y joyas. Hay que hacer de todo para vivir…

 

Pero hay algo que le persigue y le frena y es su mala salud. Tiene episodios críticos en su vida a pleno galope que le obligan a parar para cuidarse. Es providencial que conozca a Magali, una costurera francesa con la que se casará y será su mejor compañera. Tendrán una hija llamada Pierrette, el nombre rueda en la boca como una almendra garrapiñada. La misma Pierrette que luego donará las obras de su padre al Ayuntamiento de Zaragoza.

 

Los años pasan y Pablo Gargallo trabaja sin pausa, pensabais que Picasso era el único artista que tenía “épocas”? La azul, la rosa… ¡Pues no!

 

Gargallo tiene la época del cobre, del plomo, del hierro…

 

Todo lo toca y todo lo hace a su manera, especial y única. Tan especial que de los huecos y el vacío crea volumen y luz. Miramos la media sonrisa y el flequillo dorado de la cabeza de Kiki de Montparnasse y no nos hace falta más, ni nariz, ni frente ni barbilla, para qué.

Y a su lado vemos el bronce redondo y rotundo de El aragonés, con su margarita insolente en la boca o la mujer que juega con su Eco, ¿quién no ha jugado a oírse en diferido alguna vez? Yo no me resistí…

 

Jugando a El eco
Jugando a El eco

 

Ahora os hablaré de su Gran profeta. En el museo está justo en el centro del patio, cuando llegas es casi lo primero que ves. Y es que había algo es la figura esteparia e indomable de San Juan Bautista que le obsesionó de por vida. Con 23 años hizo sus primeros bocetos, mas tarde su cabeza para el friso del Hospital de San Pablo de Barcelona, y 20 años mas tarde la haría de nuevo en chapa de cobre.

 

Enfrente del profeta, en el mismo patio, hay unas estatuas de caballos a la carrera, tienen las patas rotas o incompletas.

 

¿Qué tienen algunas esculturas incompletas que nos llaman tanto la atención?

 

No sabemos como serían los brazos de la Venus de Milo pero esa giganta de mármol blanco nos parece el colmo de la elegancia, pues lo mismo nos ocurre con los caballos de Gargallo, los estarías mirando todo el día y no te cansarías.

 

Las exposiciones y el reconocimiento se suceden, la obra de Gargallo se puede ver en París, Berlín, Nueva York. Una gran exposición en Barcelona en 1934 le consagra como el gran maestro que fue pero él está agotado, “cansado de muerte”, según reconoce a un amigo. Con el pálpito de los que se saben próximos a su final, escribe a Paris a su mujer y a su hija para que se reúnan con él cuanto antes. Pero una neumonía fulminante acaba doblegando al forjador de metales y tiene la inmerecida muerte de los solitarios, sin compañía, en una habitación de hotel.

 

 

Caballos de los Aurigas Olímpicos

 

 

Y esto es, ziudadanos curiosos, un pequeño esbozo que nos habla de un rincón de nuestra ciudad, la próxima vez que paséis por allí y veáis los jinetes, o el pastor del águila que está en la calle Alfonso, no lo penséis, ¡entrad, entrad y entrad!

Autor: Cristina Castejon

De letras hasta la médula, siempre he pensado que la narrativa es el pastel, no la guinda. Da igual que sea en un libro o una peli, las buenas historias siempre nos enganchan. Escribo para mi blog cdecontar y para todo aquel que necesite poner alma a su marca o servicio. Me encanta mirar escaparates, contemplar fachadas y descubrir rincones escondidos. Creo que Zaragoza está plagada de buenas historias: ziudadanos curiosos, ¡callejeemos para darles caza!

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