Lecturas a la fresca en Zaragoza

Cristina Castejon 31 agosto, 2022
Etiquetas: , ,

Las bicicletas son para el verano, y los libros también. Os propongo para lo que queda de este verano, remolón en irse, un puñado de libros para disfrutarlos a la fresca, en diferentes lugares de Zaragoza.

Aunque en verano nos gusta reservarnos esa novela negra y leerla bajo la sombrilla o la siesta perezosa, ¿por qué no prolongar nuestros ratos lectores en rincones frescos de la ciudad? En este post enlazaremos lecturas veraniegas con distintos lugares zaragozanos de diferentes épocas.


Nuestra ciudad abunda en espacios bulliciosos para terracear pero también entornos recogidos para una charla tranquila, para descansar a la sombra o simplemente… leer.

Callejeo y lecturas romanas

Para los fanáticos de novelas históricas, situadas en la antigüedad clásica recordemos que Roma no está tan lejos en Zaragoza, podemos tocarla a nuestro paso. Tenemos la suerte de poder callejear en una ciudad de la que emergen recuerdos de su pasado de gran urbe latina en todo su casco histórico.
Si el día o una hora más tempranera te dan tregua, siéntate con un libro en la plaza del Pilar en su extremo derecho, junto a la Seo, frente a ti, la fresca lámina de agua de las majas goyescas, y sobre ti, la sombra de los magnolios.

Piensa que todo el foro romano se extiende bajo tus pies. Ahora mudo y sepultado, parte convertido en museo, pero antes hirviendo con su ajetreo y griterío diario.

También puedes acercarte al teatro romano, y después de hacer la visita para entrar en ambiente, siéntate en su terraza cafetería, mira las gradas del teatro lamidas por dos mil años que aún siguen en pie, y ábrete un libro.

Para esos lugares nada mejor que libros de sagas romanas de Santiago Posteguillo, un autor que entretiene y divulga, títulos como «Roma soy yo», premiado y que sigue en las listas de los más vendidos.

Si no conoces el ya clásico “Junco infinito” de nuestra Irene Vallejo, ya en ediciones y traducciones en todo el mundo, no dudes en hacerte con él. La autora nos habla, como quién charla a tu lado, de la apasionante historia de los libros, de como ese invento prodigioso nació y de todo el mundo clásico que le rodea.

Fotografía de Anabel Perez

Seamos medievales por un rato

Si esto de Roma se nos queda un poco lejos, no hay más que pasear por el casco histórico, perdernos un poco por esas calles estrechas, donde el cielo es una cinta azul entre aleros de madera, para sentirnos un poco medievales.

Revivamos historias de reinos que nacen, caballeros rudos, doncellas casaderas, nobles levantiscos, mercaderes astutos, ayas intrigantes…

Pero para leer a la fresca busca una plaza umbría del casco histórico, hay muchas, como la de Santa Cruz, Santa Marta, San Felipe, San Cayetano… Puedes haber visitado, para ambientarte, cualquier palacio renacentista aragonés, como la Real Maestranza, una visita guiada que te muestra desde su gran escalera y patio, sus salas de suelos esterados con los cuadros de maestrantes y sus ojos fijos en ti, hasta los establos de los caballeros.

Elige una plaza a una hora tranquila, una bebida helada y abre un libro de escritores de regusto medieval, mejor aún si son de aquí como; Luis Zueco con su «Mercader de libros» o su trilogía anterior medieval.


También puedes sumergirte en cualquier novela de José Luis Corral, como «Batallador«, que nos habla de Alfonso I, como conoció a El Cid, se casó con la reina de León y se proclamó Emperador de toda Hispania, ahí es nada… Una vuelta por nuestro parque grande con su estatua desafiante y su mirada guerrera nos lo recuerda.

Fotografía de Anabel Pérez

Parques para leer

Además de para correr, patinar, ir en bici, o simplemente pasear, los parques son lugares perfectos para leer.


Elijamos nuestro clásico Parque Grande y antes, si subimos por Fernando el Católico, podemos deteneros en la plaza San Francisco. Ahí os recomiendo un libro de Sergio del Molino, «La Piel», mientras echáis un vistazo a la estatua de bronce del rey aragonés, ese preciso lugar lo mencionan en la novela, en un momento crítico. Pero cualquiera de este autor, afincado en Zaragoza, nos vale. Puedes sentarte en un banco en esa plaza tan universitaria, a la sombra de las acacias en flor, y descubrir cualquiera de sus libros maravillosos, como La España vacía.


Fotografía del Parque Grande de Anabel Pérez

Si nos decidimos por el Parque del Agua, hay perfectos rincones de sombras verdes junta a la ribera que respiran frescura… Y haciendo honor a su nombre leamos a Buñuel en su parque. Puede que el nombre tape al cineasta. Nos da como pereza ver pelis en blanco y negro, con historias que parecen pasadas pero es empezar a mirar una y te atrapa su fuerza. Probadlo.

Y como aquí hablamos de libros, no os perdáis su libro de memorias, «Mi último suspiro», ágil, directo, gamberro a ratos, interesante siempre y absolutamente honesto. Siempre recomendable, y se lee en un suspiro…

Aquí finaliza este brevísimo recorrido de lecturas a la fresca en lugares zaragozanos, seguro que a ti se te ocurren muchos más… ¡Cuéntanoslos!

Autor: Cristina Castejon

De letras hasta la médula, siempre he pensado que la narrativa es el pastel, no la guinda. Da igual que sea en un libro o una peli, las buenas historias siempre nos enganchan. Escribo para mi blog www.cdecontar.com y para todo aquel que necesite poner alma a su marca o servicio. Me encanta mirar escaparates, contemplar fachadas y descubrir rincones escondidos. Creo que Zaragoza está plagada de buenas historias: ziudadanos curiosos, ¡callejeemos para darles caza!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.