‘Para entrar a vivir’: en el rodaje de la película con el director Pablo Aragüés y la productora Marta Cabrera

Enrique Abenia 27 octubre, 2021
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MIZ visita el rodaje, en un inmueble del centro de Zaragoza, de la comedia fantástica protagonizada por Bárbara Goenaga y Gorka Otxoa

Se tiene una idea de cómo es un rodaje, si bien se trata de un singular y sugerente microcosmos que no se descubre de verdad hasta que se tiene la oportunidad de sumergirse en uno. Made in Zaragoza pudo visitar la localización clave de ‘Para entrar a vivir’, la tercera película de ficción de Pablo Aragüés tras el ‘thriller’ ‘Vigilo el camino’ (2013) y el drama de inspiración autobiográfica ‘Novatos’ (2015), una comedia con tintes de terror protagonizada por Bárbara Goenaga y Gorka Otxoa y con la aportación secundaria de Jorge Usón, Kira Miró y Luisa Gavasa.

Gorka Otxoa y Bárbara Goenaga, en la calle de Gascón de Gotor en 'Para entrar a vivir' (Marcos Cebrián)
Gorka Otxoa y Bárbara Goenaga, en la calle de Gascón de Gotor en ‘Para entrar a vivir’ (Marcos Cebrián)

La producción, con equipo en su mayor parte aragonés, se ha desarrollado durante tres semanas en un inmueble de la céntrica calle de Gascón de Gotor, eje que se complementa con algunas escenas en Cariñena y en Bujaraloz, donde se grabará el final del relato. MIZ estuvo presente en una de las jornadas de trabajo en la capital aragonesa, en concreto en la dedicada a la cena en la que los personajes centrales cuentan a sus mejores amigos la particularidad de su nueva casa, revelación recibida con humor y escepticismo por los invitados.

Desde fuera, en el portal, nada hace pensar que dentro hay un rodaje. Sin embargo, al acceder y entrar en el bajo, una vivienda reformada con un sorprendente jardín con piscina en el patio interior, la percepción cambia por completo. Primero por el movimiento en las habitaciones, entre ellas una imponente cocina y un salón con chimenea, y sobre todo por el área ajardinada, con las cámaras y focos a un lado y al otro la mesa para la mencionada cena informal.

La filmación acontece al anochecer, pero la sesión comienza horas antes debido a todo el proceso previo que requiere. MIZ llega cuando los profesionales técnicos y artísticos ultiman los detalles y mientras maquillan y peinan a Goenaga y a Miró (un rato después aparecen Otxoa y Usón). Es el momento idóneo de charlar con Aragüés. «Sin desvelar mucho, la película muestra a una pareja que encuentra su casa ideal, la cual resulta tener truco», comenta el director zaragozano. «La casa pasa de escenario a personaje, por lo que era muy importante que esta fuera especial», expone para a continuación señalar la idoneidad de la hallada al combinar lo antiguo (faltan las reformas en los pisos superiores), lo nuevo y lo céntrico.

Se da la circunstancia de que se encuentra enfrente de donde se ubicaba la casa del Duende, célebre para los amantes del misterio. De hecho, se dice que esa figura se trasladó después al inmueble que constituye la localización fundamental. Aunque la trama no guarde relación alguna con dicho pasado, el recuerdo se activa por los elementos de la historia.

Quien conoce a Aragüés sabe su fascinación cinéfila, querencia especialmente marcada en lo relativo al fantástico, de ahí que la historia avance hacia esos derroteros. Dentro de sus influencias, el realizador resalta la de ‘La semilla del diablo’, uno de los clásicos de Roman Polanski, por aquello del inicio realista y la evolución adscrita al cine de género. En su cabeza también ha estado ‘Poltergeist’, de Tobe Hooper. A su vez, por el factor de comedia y la mirada en el tono independiente, apunta que se ha fijado en la divertida y estimulante ‘Palm Springs’, de Max Barbakow, y en ‘¡Desconectados!’, de Alex Huston Fischer y Eleanor Wilson.

Aragüés da instrucciones en el rodaje de 'Para entrar a vivir' (E. A.)
Aragüés da instrucciones en el rodaje de ‘Para entrar a vivir’ (E. A.)

Aragüés, consciente de lo que cuesta sacar adelante un largometraje, expresa su ilusión por el proyecto y su «agradecimiento a los dioses del cine» por llevarlo a cabo. Preguntado sobre la labor de dirección, explica que su objetivo, debido a que el rodaje es un trabajo en equipo, es «hacer que todo fluya» y «traducir todo para todos», en referencia a las indicaciones. «Tienes que tener respuestas, saber cómo hablar con los técnicos y los actores, saber qué decir, cómo pedírselo», a lo que añade la importancia de contribuir a mantener el ánimo y la implicación.

Minutos después, MIZ habla con Marta Cabrera, la productora ejecutiva de ‘Para entrar a vivir’. Juntos, además de formar una familia (ella y Pablo son pareja y tienen dos niñas), llevan la productora Redwood Films. «Con los guiones de Pablo suelo ponerme en el rol del poli malo por aquello de lo que es factible y lo que no, pero cuando leí esta historia lo vi muy claro», dice en cuanto a las posibilidades de esta comedia fantástica.

Su trabajo consiste en coordinar al equipo, para lo que se apoya en profesionales como Juan Diego Mora, estar pendiente de los actores y de que se encuentren a gusto («que se sientan lo mejor atendidos posible dentro de que se trata de un rodaje pequeño») y en especial de «hacer el puzle de la financiación, que el presupuesto dé para todo». Su fase favorita es la de posproducción, en la que «vas viendo cómo el filme coge forma» (la edición, los contactos para la distribución…). La intención de Marta y Pablo es que ‘Para entrar a vivir’ esté lista la próxima primavera y pueda exhibirse primero en el marco de alguno de los grandes festivales españoles. Para las ventas internacionales han establecido alianza con Outsider Pictures, los mismos que llevaron ‘Novatos’ a Netflix.

El momento del ensayo

Otxoa, Goenaga y Aragüés, en un momento de ensayo (Marta Cabrera)
Otxoa, Goenaga y Aragüés, en un momento de ensayo (Marta Cabrera)

Aun queda un rato para que reine la noche y pueda comenzar la grabación esa jornada. En esa espera, los cuatro intérpretes congregados y Aragüés se sientan en los sofás del salón para ensayar. Piden silencio alrededor. Es un momento importante para que los actores adquieran sintonía mutua, se compenetren y familiaricen con el tono y el tempo de sus compañeros así como tengan claro lo que busca el director. La imagen hace pensar en lo que Pablo había comentado antes de que el guión, la base, en el fondo «es un jeroglífico y hay que descifrárselo».

Asimismo, observar esa preparación previa, esa inmersión, instala la percepción de que los miembros del reparto se mueven en una burbuja aparte dentro del microcosmos de un rodaje. No solo por la cuestión del estatus, sino por la concentración y los rituales que en ese sentido necesitan. Las escenas muy dialogadas les generan de partida un nerviosismo interno extra. Estos factores no suponen que no interactúen con los demás, en absoluto. Goenaga, Otxoa, Miró y Usón se muestran amables y no faltan los pequeños guiños y comentarios al equipo.

Un parón entre tomas de la escena de la cena de 'Para entrar a vivir' (E. A.)
Un parón entre tomas de la escena de la cena de ‘Para entrar a vivir’ (E. A.)

Llega por fin la hora de rodar, fase en la que el director de fotografía, Adrián Barcelona, las técnicas de iluminación y las de sonido cobran especial relevancia. Estas últimas comprueban el alcance de los sonidos que se filtran durante la grabación para ver si luego se podrán eliminar o si conviene repetir esa parte. Durante la sesión se oyen algunas ambulancias y ruidos de persianas de las casas aledañas.

La filmación fluye y los cuatro protagonistas sentados a la mesa de esa cena exhiben su experiencia, facilidad interpretativa y comicidad. Más que en sus diálogos y entonaciones, merece la pena fijarse en sus gestos, sobre todo cuando no les toca hablar. Entre toma y toma, se hacen los pertinentes retoques de maquillaje y peluquería, se controla lo dispuesto en la mesa para que no haya un fallo de ‘raccord’ (el vino en la copa, el queso en el plato…) y los actores se protegen del frío con mantas y batas.

Las tomas se suceden, y no porque los resultados no sean positivos, sino porque por las características de la escena se requieren varios tipos de planos y encuadres focalizados en cada uno de los personajes. Conviene tener cuantos más recursos mejor para que en la fase de edición se disponga de un amplio abanico de opciones. La dilatación no altera el buen ambiente. Sorprende que un momento de escasos minutos en el conjunto de la película lleve varias horas detrás, pero así es el cine entre bastidores. Pasada la medianoche, la larga sesión (parón para cenar incluido) finaliza entre un aplauso compartido.

Autor: Enrique Abenia

Periodista autónomo que ha hecho del cine su forma de vida y su especialización profesional. Desde hace una década es crítico cinematográfico de ‘Heraldo de Aragón’, donde antes trabajó como redactor. También escribe en 'Cinemanía' y colabora con 20Bits ('20 Minutos').

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