Poeta, narrador, filólogo y creador del Arte Casual, Francisco Ferrer Lerín (Barcelona, 1942) une literatura, pasión por la naturaleza y amor por la vida en cada palabra.

Ferrer Lerín, nacido en Barcelona, apostó hace más de 50 años por Aragón, nuestra tierra. Vive en Jaca, pero tiene contacto frecuente con Zaragoza y con todas las actividades del panorama cultural de nuestra ciudad: presentaciones de libros, charlas, coloquios…
Ferrer Lerín intenta, pese a su apretada agenda, asistir a estos encuentros. Especialmente, se siente muy vinculado a la librería Cálamo y a sus propuestas literarias. En noviembre de 2025 tuvo lugar la presentación de Apud (Textos críticos sobre Arte Casual en la obra de Ferrer Lerín), en la que conversó junto a Antón Castro, Raúl Herrero y Alejandro J. Ratia.
Y, próximamente, de cara a la primavera, volveremos a tener el honor de contar con su presencia en este espacio, presentando sus últimas obras.

¿Cómo se presenta Francisco Ferrer Lerín en primera persona? ¿Qué nos puede contar acerca de sus orígenes?
Nacido en 1942 en el seno de una familia burguesa de Barcelona, de la derecha del Ensanche. Padre cirujano maxilofacial. Bachillerato en los Jesuitas de Sarrià y, al ser expulsado por impío e hipersexual, termino el bachillerato en el colegio Nelly, para niños difíciles; nunca repetí curso.
Inicio Medicina en 1959, la dejo en tercero; inicio Ciencias Biológicas, las dejo en segundo; inicio Filología Hispánica, me licencio e inicio el doctorado (Ornitónimos del Diccionario de Autoridades) en la Universidad de Granada, ciudad en la que me instalo para impartir un curso, en dicha universidad, de Lingüística Catalana.
Escribo literatura desde la adolescencia, aunque dejo de hacerlo durante treinta y tres años. Mis pasiones son varias, algunas non sanctas.
Nacido en Barcelona pero afincado en Jaca. ¿Qué le motivó a escoger este bello entorno?
En 1968 me traslado desde Barcelona a Jaca para trabajar como ornitólogo de campo en el Centro Pirenaico de Biología Experimental, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.
Durante tres años, y como becario, me encargo de confeccionar la primera lista patrón de aves pirenaicas y establecer las medidas de protección de las grandes aves necrófagas, amenazadas de extinción dada la precariedad trófica al mecanizarse la agricultura y reducirse dramáticamente el número de bestias de tiro que secularmente, al morir, eran echadas en los muladares.




¿Cuándo sintió ese amor incondicional por la literatura, el arte y la cultura en general?
La literatura y el arte, y si se quiere, la cultura en general, fueron fruto de mi ambiente familiar, del contacto desde la infancia con los libros, en especial con la enorme biblioteca de mi bisabuelo francés, notario en una localidad pirenaica, a quien visitábamos los veranos.
Entusiasta de las aves y la naturaleza. ¿Cómo descubre su pasión por la ornitología?
Mi interés por la naturaleza llegó a través de los libros, pero mi padre fue un guía excepcional durante los veraneos de cuatro meses en los bosquetes cercanos a nuestra casa en Barcelona. Construimos un terrario donde observé anfibios y reptiles, y más tarde, en el Pirineo de Gerona durante el Servicio Militar, descubrí las aves rapaces, en especial los buitres leonados. Fascinado por su vuelo, me dediqué a su protección, suministrando alimento con un grupo de alumnos de la Facultad de Ciencias en los antiguos enclaves del Prepirineo de Lérida y Huesca.
Tiene una vida profesional realmente rica, intensa y emocionante en la que abarca varias facetas. ¿Con cuál de los innumerables Ferrer Lerín se siente más completo e identificado? ¿Qué destacaría de cada una de estas facetas?
En la actualidad, superadas etapas de diversos desvaríos, me siento más cómodo escribiendo narrativa breve, los llamados “casos” en la terminología de Antonio Viñuales Sánchez, exdoctorando mío y actual profesor de la Universidad de Zaragoza. Además, la constante publicación de nuevos libros sobre mi poesía, prosa y ensayo supone una intensa labor de apoyo a sus editores.
De las condiciones humanas, Níquel, Papur, Fámulo, El bestiario de Ferrer Lerín, Mansa chatarra, Arte Casual, Grafo Pez, Casos completos, Poesía reunida, Arte Casual… Es poseedor de una larga lista de obras. ¿Qué influencias ha tenido a la hora de escribir?
Influencias obvias: las de Saint-John Perse y Jorge Luis Borges. El primero me mostró que era posible escribir poesía de otra manera, y el segundo, maestro indiscutible en el uso de la erudición como soporte de su labor creativa, me convirtió en un admirador irreductible de un genio cuya narrativa traté de imitar durante muchos años, a veces con no malos resultados.
Poesía, relato, ensayo… ¿Qué género le ha aportado más alegrías?
La poesía fue mi puerta de entrada a la literatura. Gracias al libro de Lengua y Literatura de quinto de bachillerato de Ernesto Giménez Caballero comencé a escribir, emulando sus poemas. Más tarde, mi atención se centró en Rubén Darío. La poesía, como primer amor, ha recibido mi mayor dedicación y, aunque hoy la he dejado, sigo disfrutando preparando antologías y obras completas.
¿En qué corriente literaria podríamos enmarcarle? ¿Se sentiría identificado dentro de los Novísimos?
Circula por ahí, como la más afortunada entre las muchas etiquetas que se me adjudican, la que me llama “padre nutricio de la secta novísima”; ignoro quién la creó y si su redacción primigenia era esa o ha ido cambiando con el tiempo.

¿Cómo considera que ha ido evolucionando a lo largo de toda su vida de escritor? ¿Se declara más pulcro, más, desinhibido, más analítico, menos tolerante, más libre…?
Dudo que haya evolucionado mucho. El paso de poeta a narrador supone cambiar herramientas, pero mis textos, escritos durante décadas, carecen de destinatario fijo: pueden acabar en un libro de poemas, relatos, una novela – como Vórtex, comprometida con Anagrama- o en un trabajo científico o paracientífico. Con los años, las ingenuidades desaparecen y la imaginación disminuye, haciendo que el uso directo de las fuentes, incluso el plagio, sea más evidente.
Personalmente, me siento atraída por el concepto Arte Casual, movimiento creado por usted en 1984. ¿Qué nos puede explicar acerca de esta idea?
La profesión de ornitólogo de campo, ejercida durante gran parte de mis treinta y tres años de agrafía literaria, me llevó a recorrer ecosistemas donde objetos abandonados – maquinaria, maderos, recipientes-, por su descontextualización o colocación, producían un impacto visual que, gracias a mi conocimiento del arte contemporáneo, alcanzaba un efecto artístico. Este efecto, efímero y no trasladable a museos, se registraba con cámara fotográfica.
Así acuñé el término Arte Casual (AC) y redacté un manifiesto, sistematizando algo ya apreciado por muchos, como las balas de paja dispuestas geométricamente. Hoy, AC ha dado lugar a cuatro libros y varias exposiciones monográficas en museos y universidades.

Próximamente sale a la venta, Metazoa, su último libro y podremos asistir a la presentación en Librería Cálamo. ¿Puede darnos una pincelada del paisaje que vamos a descubrir paseando entre sus hojas?
Metazoa (Zaragoza, Jekyll & Jill, 2026) recopila algunos de mis textos breves, mis “casos”, con presencia animalística. Desde los tiempos de mi frustrada tesis doctoral – que luego sirvió de base para El Bestiario de Ferrer Lerín (Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2007) – he buscado unir literatura y zoología, especialmente ornitología.

Para los que deseamos iniciarnos en el universo Ferrer Lerín ¿Qué lectura nos recomienda para empezar?
En poesía, Poesía reunida (Barcelona, Tusquets Editores, 2023) cuenta con un epílogo de Aurelio Major; en narrativa breve, Casos completos (Valencia, Ediciones Contrabando, 2021) incluye un estudio de Antonio Viñuales. Ambos textos son altamente recomendables.
Ha sido galardonado con diversos premios y reconocimientos. ¿Cuál de ellos tiene un significado más profundo para usted?
En 2010 concedieron el Premio Nacional de la Crítica a mi libro de poemas Fámulo (Barcelona, Tusquets Editores, 2009) lo que supuso, de algún modo, reconocer mi vuelta a la escritura, en este caso a la poesía, tras más de tres décadas de silencio.
Dirigiéndonos a nuestros lectores con inquietudes literarias que desean adentrarse en el mundo de la escritura. ¿Qué consejos les daría?
Ninguno. No creo en escuelas de escritura ni en consejos: se nace siendo escritor. Yo escribo desde los 13-14 años y nadie me ha enseñado. Lo fundamental es que el libro enganche al lector y tenga una música interna; sin ese ritmo, sea poesía, narrativa o crónica, nunca se será un buen escritor, y eso no se puede enseñar.
¿A través de qué medios podemos seguirle?
Blog personal, Blog colectivo El Boomeran(g), Facebook y Arte Casual.
Agradecimientos: Gracias Francisco Ferrer Lerín por su amabilidad, cariño y colaboración. Ha sido un verdadero honor el realizar este artículo.
Gracias Belén Luque, directora del Museo Diocesano de Jaca por la visita personalizada y por compartir sus amplios conocimientos del característico arte románico de Jaca. Una visita muy aconsejable.




