Todos conservamos en casa fotografías, dibujos o recuerdos que el paso del tiempo ha ido deteriorando. Imágenes de familiares, instantes de otra época, fragmentos de nuestra historia personal que, de alguna manera, nos gustaría preservar para siempre.
Detrás de esa posibilidad está Cristina Rico Liria, conservadora-restauradora y fotógrafa. Un perfil poco habitual que esconde una trayectoria marcada por el aprendizaje y el viaje: de Jaca a Londres, y de vuelta a Zaragoza tras diez años de formación y experiencia. Hoy, lidera su propio taller, Histórica Conservación y Enmarcación (C/ Antonio Agustín, 32).


En Histórica, Cristina trabaja con aquello que el tiempo pone en riesgo: obra gráfica, fotografías antiguas, dibujos o grabados. Todo lo que vive sobre papel y merece seguir existiendo. Su labor combina restauración, conservación y una forma de enmarcar única en Zaragoza, donde el marco deja de ser un simple soporte para convertirse en parte de la propia obra.
Hablamos con ella sobre el valor de lo antiguo, la magia de la fotografía histórica y por qué, en muchos casos, conservar es mucho más valioso que sustituir.


¿Qué es Histórica?
Histórica es un taller especializado en la restauración y enmarcación de obra gráfica. Cristina se dedica a restaurar piezas sobre papel, diseñar enmarcaciones para obras de arte y desarrollar soluciones de conservación a medida, incluyendo marcos elaborados con cinta de papel.
¿Qué servicios ofrecéis exactamente?
Su trabajo abarca la restauración de papel y fotografías, así como cualquier objeto sobre papel, el montaje de exposiciones y la creación de sistemas de almacenamiento pensados para la conservación, especialmente de obras sobre papel, aunque también de objetos de naturaleza orgánica.
Su especialidad es una técnica de enmarcación recuperada del siglo XIX: en lugar de madera, utiliza una cinta de papel combinada con vidrio y cartón, logrando una pieza compacta que funciona como un objeto en sí mismo.
El cartón actúa como passe-partout, creando una “ventana” que protege y realza la obra. Todo el proceso es artesanal y completamente personalizado.
¿En qué consiste la restauración?
La restauración es una disciplina compleja que combina ciencia, arte y química.
Cada obra plantea un reto distinto: no existen fórmulas universales. La experiencia es clave, pero también lo es la capacidad de investigar, comprender los materiales y adaptarse a cada caso. No siempre se devuelve un objeto a su estado original, pero se conserva su significado, memoria e integridad física, frenando el deterioro.

¿Se restaura mucho en Zaragoza?
No tanto como cabría esperar. Para muchos particulares, el coste puede resultar elevado, ya que se trata de un trabajo minucioso, manual y que requiere materiales específicos.
En ocasiones, el precio de la restauración supera el valor económico de la pieza, lo que lleva a descartar el proceso. Sin embargo, cada vez hay una mayor conciencia sobre el valor – no solo económico, sino también emocional e histórico – de estos objetos.
¿Deberíamos restaurar más en lugar de tirar?
Sí. Lo importante es conocer el valor de lo que se tiene, no solo económico, sino también sentimental o histórico. Si quieres conservar, por ejemplo, una fotografía familiar, lo ideal es guardarla con materiales estables dentro de un marco adecuado, y acudir a un profesional para que te asesore sobre cómo preservarla para las generaciones futuras.
¿Hay obras que ya no tienen solución?
Sí, ocurre.
Hay casos en los que el deterioro es demasiado avanzado o intervenciones previas han dañado irreversiblemente la pieza. A veces se puede mejorar su estado, pero no devolverla a su condición original.
¿Qué tipo de obras restauras?
Estudié conservación y restauración de materiales orgánicos. Mi especialidad es el papel, que es el soporte de muchas obras: grabados, dibujos, fotografías… También he trabajado con textiles, pero eso fue más en mi etapa de estudiante. Las fotografías pueden estar sobre papel, vidrio o plástico, pero el papel es el soporte más común, así que ahí se centra mi trabajo principalmente.
Me han llamado mucho la atención las cajas de conservación para enmarcar fotos. ¿En qué consisten?
Son cajas fabricadas con materiales estables y libres de ácido, por lo que se evita que las fotografías se oxiden.
Están diseñadas para proteger y guardar obras de arte sin transmitirles deterioro. Un ejemplo es la Solanderbox o caja de concha. Los materiales pueden ser cartón, tela y papel, y permiten guardar y sacar las obras de forma segura.


Tu especialidad es el papel, especialmente a la hora de enmarcar ¿Es muy variado como material?
Muchísimo. El papel llegó a Europa en la Edad Media, pero los chinos lo inventaron mucho antes. Japón, por ejemplo, es muy famoso por sus papeles de fibras largas, muy finos y flexibles, que son precisamente los que se usan en restauración. Antiguamente en Europa se hacían papeles de trapo —de algodón— de gran calidad y a mano.
Hoy en día existe una infinidad de papeles. Desde el japonés, hasta el de periódico, pensado para ser efímero. El cartón también es papel, simplemente en más capas.
¿Qué sueles aconsejar a tus clientes para una buena enmarcación?
Tengo dos criterios fundamentales: la estética y la conservación, orientando sobre qué solución le va mejor a cada obra en particular, adaptándome a los gustos de cada cliente.
¿Quiénes son tus principales clientes?
Sobre todo personas particulares. En enmarcación hay bastante gente joven, mientras que en restauración suelen ser encargos más vinculados a objetos familiares o de mayor antigüedad.

¿Trabajas también para instituciones?
No ha sido mi enfoque principal, pero actualmente estoy realizando algún trabajo para el Museo de Goya. Hay pocos restauradores especializados en papel en Zaragoza, así que hay bastante campo.
Organizaste hace poco un taller de cianotipia botánica. ¿En qué consiste?
Es un taller que impartí en el que enseño esta técnica fotográfica antigua que no requiere cámara. Se aplica una emulsión sobre papel, se colocan objetos encima —en nuestro caso, plantas y hojas que encontramos en el parque— y la luz del sol fija las siluetas sobre el papel. Es una experiencia muy visual y creativa.
Los talleres de cianotipia los hago junto a mi compañera Luisa Monleón, con quien formo el dúo artístico Rara Avis.

¿Qué más hace Rara Avis además de cianotipia?
También hacemos fotografía minutera. Utilizamos una cámara de madera que construimos nosotras mismas, igual a las que usaban los fotógrafos callejeros de principios del siglo XX.
Estos fotógrafos ambulantes recorrían plazas y fiestas de pueblos, hacían la foto y la revelaban en el momento, porque dentro de la cámara estaba el propio laboratorio. Hoy en día, hay unos 30 o 40 fotógrafos en España han recuperado esta práctica.
¿Quién es Cristina Rico y cómo llegó hasta aquí?
Estudié fotografía en Huesca y luego me fui a vivir a Londres, donde estudié restauración y conservación de materiales orgánicos. Trabajé en The National Archives y en el taller A.R. Conservation. Tras diez años fuera, volví echando de menos mi tierra y mi gente. Soy de Jaca, pero tenía amigos y familia en Zaragoza, así que empecé aquí de nuevo, monté mi taller y he ido combinando la restauración con la conservación y la fotografía.
Cristina volvió a Zaragoza con una idea clara: devolver a la vida a todo aquello que el tiempo amenaza. Histórica se ha convertido en un pequeño refugio donde tus fotografías y dibujos del pasado encuentran su futuro, y algunas imágenes merecen la pena seguir contando historias.
Si queréis poneros en contacto con Cristina, aquí os dejamos su Instagram




