La Fleur De L’Homme, las flores que no sabías que necesitabas

Placido Manzanares 19 agosto, 2026
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Hay personas que abren un negocio, y hay personas que abren un mundo. Nacho Carbonell pertenece claramente a las segundas. Durante los últimos dos años ha convertido un local frente al Pilar en algo mucho más grande que una floristería: un laboratorio de arte floral, un espacio cultural y un punto de encuentro del talento emergente de Zaragoza. Todo es el reflejo de una forma muy personal de entender la vida y el trabajo.

Composiciones que mezclan flor fresca, preservada y artificial, decoración para bodas y eventos, jardines verticales, talleres de reciclaje, mercadillos y vermús floreros con música electrónica conviven bajo un mismo concepto: dar infinitas vidas a las cosas.

Hemos hablado con él sobre qué hace diferente a La Fleur de L’Homme, por qué regalar flores va más allá de géneros y calendarios, y por qué este proyecto, que comienza una nueva etapa, sigue más vivo que nunca.

El camino hasta las flores

Nacho se define con una frase: «Soy un superviviente de todas las cosas que me han pasado en la vida».

Estudió en la Escuela de Artes, se fue a Londres pensando en ser cocinero y acabó trabajando en visual merchandising. Un día se topó con un curso de auxiliar de florista. «Nunca en la vida me lo había planteado. De pequeño no podía ni entrar en una floristería porque no aguantaba el olor». La vida le dio una de esas vueltas inesperadas.

Hizo prácticas, trabajó en viveros, se sacó el oficial de florista y a los treinta años consiguió una beca Erasmus. Acabó en una de las floristerías más potentes de Berlín. Allí montó jardines verticales para Spotify, centros para el Ritz-Carlton y otros hoteles de primer nivel. Aprendió a reciclar de verdad y a entender el arte floral como algo contemporáneo, joven y sin complejos. «Fue una experiencia increíble. Me recorrí Berlín entero repartiendo con la furgoneta y trabajé con un equipo de diecisiete personas que era maravilloso».

Berlín le dejó dos cosas que todavía hoy definen La Fleur: una forma radicalmente distinta de entender las flores y la fusión natural entre arte floral y música electrónica. «Allí conocí a mi jefe en una de las discotecas más importantes de la ciudad. Todo estaba relacionado: tecno y flores. Me gustó tanto ese concepto que decidí aunar mis dos pasiones».

El nacimiento de un espacio propio

Al volver a Zaragoza encontró el local frente al Pilar. Se lo dieron el 16 de abril y el 1 de mayo —Día del Trabajador— ya estaba inaugurando. “Me parecía importante abrirlo ese día, porque era festivo y porque tiene un significado”.

Desde el primer momento quiso que fuera más que una tienda. El 90 % del mobiliario eran muebles encontrados, lijados, pintados y reconvertidos. Los colores del branding (rosa, blanco, negro y fucsia) y el logo de la langosta rosa también tienen historia: viene de los documentales que veía en Londres con una amiga bióloga, cuando todavía ni soñaba con dedicarse a las flores.

“He intentado romper moldes, sobre todo la frecuencia de regalar flores, se pueden disfrutar de las flores todos los días, mucho más allá de las temporadas habituales. Y he intentado romper ciertos estereotipos -de ahí el nombre “la flor del hombre”-  Quise romper esos cánones de que si un hombre regala a otro hombre flores, puede llevar alguna connotación”.

No vendemos flores, vendemos sensaciones

La frase no es un eslogan vacío. Es la filosofía del proyecto. Nacho mezcla flor fresca, preservada, seca y artificial con una naturalidad que aquí todavía sorprende. Propone siempre dos versiones al cliente y, casi siempre, se quedan con la que él les sugiere. De ahí nació el lema que mejor define La Fleur: las flores que no sabías que necesitabas.

Le apasiona educar. Explica por qué una hortensia preservada puede durar ocho o diez años, por qué el anturio —su flor fetiche, hasta el punto de tatuárselo— aguanta cuarenta o sesenta días, y por qué no hace falta aspirina ni lejía si se limpia bien el tallo y se cambia el agua cada día.

«La flor natural te enseña a vivir el presente. Se agosta. Y eso es lo más natural del mundo. Vivimos en una época en la que queremos todo ya. La flor te recuerda que las cosas tienen su tiempo».

La sostenibilidad es práctica diaria. Si alguien trae un ramo agostado, solo se cobra la mano de obra para darle una segunda vida. 


Los cursos de ReciclArte Floral volverán en otoño.

En los talleres de ReciclArte Floral —un concepto que él mismo ha creado— la gente aprende a hacer centros con materiales que normalmente acabarían en la basura: latas, cajetillas o jarrones de mercadillo. «Son talleres con material ilimitado. La gente llega diciendo “yo no soy creativo” y se va sorprendida de lo que es capaz de hacer. Aunque dos personas elijan el mismo material, ningún centro sale igual».

Un espacio cultural con alma de comunidad

La Fleur ha sido escenario de recitales de poesía, conciertos, podcasts, presentaciones de festivales, sesiones de fotos de moda y mercadillos donde artistas emergentes han podido empezar. Los vermús floreros se convirtieron en un ritual: música electrónica, DJs locales, decoración floral (a veces con frutas) y un ambiente que mezclaba lo social con lo creativo.

«Siempre hablo en plural aunque sea yo solo. Porque La Fleur son todas las personas que han pasado por aquí. Desde Choni de Ductus, que me apoyaron un montón cuando monté el negocio, a todos los clientes que se han convertido en amigos, sin olvidar a vecinos, artistas… Ellos son La Fleur. Por eso me gusta tanto apoyar el talento local. A mí me ha costado mucho llegar hasta aquí y sé lo que se siente cuando te falta ese empujón inicial».

Ropa del sello Bloom, de la Fleur de l’Homme.

Ha colaborado con diseñadores y artistas locales y ha creado la línea de merchandising Bloom, que ha gustado mucho. Siempre con la misma pregunta: «¿Yo me compraría esto? Si la respuesta es no, no lo vendo».

El momento difícil y la resiliencia

Los últimos meses han sido duros. Goteras, inundaciones, techos levantados y una incertidumbre que se ha alargado demasiado. La tienda física cierra de momento. «Ha sido muy duro. Pero me he sentido muy respaldado por los vecinos. Venían a preguntar, a ofrecer ayuda y la gente ha seguido haciendo encargos a pesar de que no sabíamos si al día siguiente íbamos a poder abrir. Ese apoyo me ha dado la fuerza para seguir».

Nacho Carbonell y el logo de La Fleur, una langosta rosa.

El próximo capítulo

La Fleur no termina. Si quieres conocer más de su trabajo, seguir sus próximos talleres, mercadillos y vermús floreros, o encargarle la decoración floral de tu próxima boda o evento, puedes hacerlo a través de su Instagram (@lafleurdelhomme) o llamando al 695 530 909.

La web está en proceso y cuenta con tres puntos de venta en la ciudad: Jueves Shop, Le Coiffeur (Calle de los Estébanes, 8) y Dasein, el taller de confección de Lucía Rodríguez

En septiembre se retoman los talleres de ReciclArte Floral. Habrá nuevos vermús floreros, mercadillos y, sobre todo, más creación.

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