La fotógrafa Mai Ibargüen ha encontrado en la fotografía una forma de mirar el mundo desde la sensibilidad y la experimentación. Especializada en fotografía cultural, artes escénicas y eventos, su trabajo se mueve entre el documental y la creación artística, explorando tanto lo digital como los procesos fotográficos más artesanales (como la cianotipia).
Con una trayectoria marcada por el teatro y el circo, Mai entiende la fotografía como una forma de acompañar de captar emociones del momento y de generar experiencias compartidas. En paralelo, impulsa Atrapaluz, un proyecto que une fotografía experimental y acercamiento de ésta a la infancia y la juventud.
En esta entrevista, hablo con ella sobre sus inicios, su visió y la importancia de volver a procesos más conscientes en.
¿Cómo empezaste en el mundo de la fotografía y qué te llevó a dedicarte profesionalmente a ello?
Empecé en la fotografía en un momento muy personal, casi como una necesidad de encontrar una forma de expresión y de canalizar lo que me estaba pasando.
«La cámara fue una manera de mirar hacia fuera cuando no sabía muy bien cómo mirar hacia dentro».
A partir de ahí empecé a formarme, a practicar y a descubrir que la fotografía no era solo una herramienta, sino un lugar donde me sentía cómoda. Poco a poco se fue convirtiendo en mi lenguaje y, de forma completamente natural, también en algo a lo que quería dedicarme.
¿Cómo definirías tu mirada fotográfica en este momento de tu trayectoria?
Siempre he tenido una mirada muy atenta al detalle, a lo que ocurre en los márgenes, a lo pequeño.
Ahora mismo siento que esa mirada está en un momento de expansión. Vengo de una práctica más documental, pero cada vez me interesa más intervenir la imagen, trabajarla, tocarla… no quedarme solo en el registro, sino entrar en diálogo con lo que fotografío.


Vienes del ámbito de la fotografía cultural y las artes escénicas. ¿Qué te ha aportado ese entorno a tu forma de crear?
Trabajar en fotografía cultural y, sobre todo, en artes escénicas me enseña a estar muy presente y a desarrollar una mirada atenta en varias direcciones a la vez.
En escena están ocurriendo muchas cosas simultáneamente: el cuerpo, el gesto, la luz, la emoción… pero también lo que pasa fuera de foco, en el público o en los márgenes. Esa manera de mirar ha marcado mucho mi forma de fotografiar.
El circo, en concreto, ha sido muy importante para mí. Tiene algo muy físico, muy sensible y muy emocional, donde el riesgo, la belleza y la fragilidad conviven todo el tiempo. Eso te atraviesa y hace que la fotografía no sea solo un registro, sino una forma de acompañar lo que está pasando.
Y aunque trabajo también en teatro y danza, donde la narrativa o el movimiento tienen otros tiempos, en todos estos ámbitos hay algo común: la necesidad de estar muy conectada con lo que ocurre para poder captarlo desde un lugar más consciente y sensible.
¿Qué papel juega la experimentación en tu trabajo y cómo influye en tu forma de entender la fotografía?
La experimentación ocupa un lugar muy importante en mi trabajo. Me interesa la fotografía en todas sus formas: tanto en lo digital como en lo analógico y en todas las técnicas experimentales que existen alrededor. Siento que es un mundo muy amplio, casi infinito, y eso me sigue despertando mucha curiosidad.
Para mí, experimentar es una manera de investigar, de probar y de descubrir nuevas formas de expresión dentro de la propia fotografía. Eso hace que deje de verla solo como una imagen final y la entienda más como un proceso vivo, donde siempre pueden aparecer cosas nuevas.

¿Cómo nace Atrapaluz?
Atrapaluz nace de la unión de dos caminos que fui tomando: por un lado, mi trabajo durante más de veinte años con infancia y juventud, y por otro, mi relación con la fotografía.
Durante años he ido desarrollando talleres y propuestas adaptadas a distintos contextos y edades, utilizando la imagen como herramienta de expresión y acompañamiento. Con el tiempo, esa práctica fue creciendo y tomando forma y, en 2025, decido darle nombre como Atrapaluz, para recoger todo ese recorrido y empezar a construir una línea más definida de trabajo en torno a la fotografía experimental, la creación y la mediación artística.
«Entender la fotografía no solo como resultado, sino como proceso y un espacio donde experimentar y explorar».



Recuperas técnicas como la cianotipia o la fotografía estenopeica. ¿Qué te interesa de volver a procesos más artesanales en plena era digital?
Me interesa mucho el cambio de ritmo que proponen estas técnicas. Trabajar con las manos, con la luz, con el tiempo… te obliga a mirar más despacio, a prestar atención. Y eso, aunque luego trabajes en digital, cambia tu forma de fotografiar.
No lo veo como algo opuesto a lo digital, sino como una manera de ampliar la mirada y volver a lo sencillo y a los detalles.
¿Qué ocurre en los talleres cuando las personas de diferentes edades se enfrentan por primera vez a estas técnicas?
Hay algo muy bonito que suele ocurrir, y es la sorpresa. Como son técnicas poco habituales, generan una curiosidad muy genuina, y ver cómo personas de distintas edades comparten ese momento es muy especial.

En tu trabajo das mucha importancia al proceso. ¿Qué aporta el “hacer” frente al resultado final?
Vivimos muy centrados en el resultado, en hacerlo bien, en llegar a algo concreto. Para mí, poner el foco en el proceso es una manera de volver a disfrutar de lo que estás haciendo, sin tanta presión. Ahí es donde pasan cosas más interesantes: cuando hay tiempo, cuando hay juego, cuando no todo está definido.
¿Qué te está enseñando trabajar con públicos tan diversos como infancia y juventud?
Llevo muchos años trabajando con infancia y juventud, y es un espacio del que aprendo constantemente. Tienen una forma de acercarse a la creación mucho más libre, menos condicionada, y eso te obliga también a recolocarte como adulta y como creadora.
Además, sus miradas generan un espacio muy interesante dentro de mi propia experimentación, porque me abren a otras formas de ver y de entender no solo la imagen, sino también el entorno, que quizás yo no habría planteado.
¿Hacia dónde te gustaría llevar Atrapaluz en los próximos años?
Me gustaría que Atrapaluz siguiera creciendo como un proyecto móvil y adaptable, capaz de llevar la práctica fotográfica a distintos contextos y territorios.
Me interesa especialmente poder desarrollar procesos más continuados, no solo talleres puntuales, sino espacios donde trabajar con grupos y comunidades desde la experimentación, la imagen y el tiempo.
Y también seguir investigando nuevas formas de trabajar la fotografía, tanto desde lo manual como desde lo contemporáneo, para que el proyecto siga vivo y en evolución.
Sigue el trabajo de Mai Ibargüen en su página web e Instagram. Así como de sus talleres Atrapaluz.




