Ignacio Estaregui: «El estado natural de una película es no hacerse»

Enrique Abenia 23 junio, 2025
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El director zaragozano Ignacio Estaregui, en el rodaje de 'Rider'

El director habla de ‘Rider’, su tercer filme, rodado de noche en Zaragoza y estrenado a nivel nacional, del audiovisual aragonés y de lo complicado que es hacer realidad un proyecto

Siete años después de ‘Miau’, y once después de ‘Justi & Cia’, el director zaragozano Ignacio Estaregui ha vuelto a las salas con ‘Rider‘, drama con rasgos de ‘thriller’ sobre una repartidora latina que recorre en bicicleta y de noche las calles de la capital aragonesa. Estaregui, profesor en CPA Salduie y en cuya trayectoria aparecen también cortometrajes como ‘Reveal’ y ‘¡Al quinto!’, habla de su tercera película, del audiovisual aragonés y de lo complicado que es hacer realidad un filme.

¿Qué se siente al ver por fin en cines una película en la que se ha trabajado tanto?

Es un cúmulo de sensaciones porque le has dedicado mucho tiempo y esfuerzo. En el momento que la película ‘sale fuera’ estás exponiendo tu trabajo ante el público, que con su mirada es el que completa la experiencia cinematográfica, y sobre eso no tienes ningún control. Con lo cual estás nervioso, pero al final los comentarios y las críticas te van poniendo un poco en sitio.

Ignacio Estaregui da instrucciones a Mariela Martínez en el rodaje de 'Rider'
Ignacio Estaregui da instrucciones a Mariela Martínez en el rodaje de ‘Rider’

¿Cuánto cuesta sacar adelante una película?

A los alumnos a los que tengo la suerte de dar clases de dirección en CPA Salduie les cuento siempre el hilo de tuits que publicó Guillermo del Toro hace unos años con las películas que no había podido hacer. Si eso le ocurre a un cineasta como él, qué no nos va a pasar al resto de los mortales. Hace poco Gracia Querejeta hablaba de lo difícil que es conseguir financiar una película aunque se tenga una filmografía asentada. Y Rodrigo Cortés dice que el estado natural de una película es no hacerse. Hacer una película es muy complicado, sobre todo porque depende mucho de lo económico. Es verdad que ahora con las plataformas se hacen muchas más películas y series, pero aun así por el camino se quedan una barbaridad. Además, si el proyecto es independiente puede darse el caso de que la puedas financiar y levantar, pero luego no dejas de toparte con la industria y tienes que encontrar un hueco. Nuestra película llevaba terminada año y medio pero, por muchos factores, no se había podido estrenar.

¿En Aragón resulta todavía más difícil?

En Aragón es muy complicado. No se puede levantar una película grande porque, a diferencia otras autonomías, no tenemos una plurianualidad en la justificación de las ayudas. Estas son parte fundamental del sistema para levantar una película en España. Si la convocatoria de ayudas sale en abril, se resuelve en junio y en noviembre hay que justificarla, el tiempo no da para coproducir o sacar proyectos ambiciosos. Tampoco tenemos incentivos fiscales como en Canarias, Navarra o el País Vasco. Allí atraen rodajes y contra eso no podemos luchar. Aun así, claro que hay apoyos, y yo me siento muy querido. Y también se han dado avances grandísimos como la Zaragoza Film Office. Era inconcebible que Zaragoza no la tuviera. Es una ventanilla única que gestiona todas las necesidades de una productora. Funciona de maravilla y reman a favor. ‘Rider’ fue la primera película que rodé estando la oficina habilitada y la diferencia es abismal. Antes, si tenías que rodar en una calle y hablabas con el Ayuntamiento, por ejemplo de las farolas, te derivaban a alumbrado público. Y si hablabas de colocar un banco, te derivaban a plazas y jardines, con todo lo que implica el proceso administrativo.

¿Cómo ha sido el largo proceso de ‘Rider’?

El proceso de producción fue muy bonito. Aunque sufres para encontrar la financiación, para mí no hay nada mejor que ser director y mi tiempo ni siquiera lo contemplo como trabajo. La fase de concepción del guion, en este caso escrito por S. Sureño a partir de una idea mía, también es maravillosa, al igual que la preproducción y empezar a concebir cómo vas a rodar. El rodaje fue peculiar y complicado pero también salió bien, sobre todo gracias al ‘currazo’ de Mariela (Martínez, la actriz), que hizo que todo fuera más fácil. La posproducción, cuando ves cómo tu película crece, también la disfruto mucho. También es cuando te liberas del material y confías en el criterio y la profesionalidad de los montadores. Y el proceso del sonido y la música también me fascina. Lo que se me hace más largo es la fase de distribución, la que no depende de ti. Terminamos ‘Rider’ en 2023 y la distribuidora buscó hallarle acomodo en festivales, que es lo que puede darle a una película pequeña el ‘aura’ para que luego el público la conozca. Sin embargo, ‘Rider’ no encontró ese hueco al no ser un filme de autor ni uno comercial.

El convoy empleado en el rodaje nocturno de 'Rider' por las calles de Zaragoza
El convoy empleado en el rodaje nocturno de ‘Rider’ por las calles de Zaragoza

El rodaje nocturno entrañó singularidades además de retos logísticos y técnicos.

Fue un rodaje muy peculiar al ser itinerante. Estábamos en continuo movimiento. Primero teníamos la dificultad de encontrar esas zonas que nos permitiesen rodar X minutos, los que necesitaba la escena. Al no poder cortar la calle entera, caso de por ejemplo Gómez Laguna, teníamos que respetar la cadencia semafórica, lo que condicionaba mucho los tramos posibles. Luego, en un set normal puedes parar una toma, decir “corten” y levantarte y hablar con los actores. En este caso había que esperar a que la toma terminase para entonces añadir esos pequeños matices, que igual afectaban algo que había pasado al inicio. Ahí es donde una vez más tengo que señalar el trabajo de Mariela y de cómo era capaz de absorber todos esos matices. También fue curioso ver el convoy en el rodábamos y hacerlo de noche.

El sonido y la voz en ‘off’ de los personajes con los que habla la protagonista por teléfono mientras va en bicicleta también son fundamentales.

A nivel de sonido fue un reto. Cuando se rueda un vehículo en movimiento este normalmente tiene un motor, el cual acaba disimulando las pequeñas imperfecciones que pueda tener el sonido directo. En nuestro caso, al ser una bici, el sonido tenía que estar impoluto y fue un reto, empezando por el tipo de vehículo que teníamos que usar nosotros para poder rodar. Sobre las voces por teléfono, por circunstancias de producción no pudimos disponer de un estudio de grabación en el que interactuaran todos los actores. Teníamos una actriz en el campamento base que daba todas las réplicas a Mariela e interpretaba a esos personajes. Después, en posproducción se incorporaron los actores y actrices de voz con la dificultad de interactuar con una pantalla y sin la protagonista delante. Conocer estas cosas le da todavía más valor al trabajo de Mariela.

¿Cómo encontraron a Mariela?

Fue un milagro. Teníamos que acudir a un casting abierto, no se podía hacer cerrado o dirigido porque no hay una representación suficiente de actores latinos en el cine español. Recibimos un montón de vídeos. No obstante, acabé pidiendo ayuda a mis alumnos. Entonces Cristina Magaña levantó la mano y me dijo que tenía lo que necesitaba. Me enseñó una foto de Mariela y ya noté que tenía presencia física, algo fundamental. En la prueba lo hizo estupendamente y luego en persona detectamos su inteligencia emocional para incorporar esos pequeños matices, en lo que en parte influyó su experiencia vital, y el plus de compromiso que el proyecto requería por el esfuerzo físico o el sacrificio de rodar mucho en pocos días.

Las localizaciones zaragozanas, aunque pertenecen a zonas distintas, casan muy bien entre sí.

No se dice nunca que es Zaragoza porque quería fuera el espejo de cualquier ciudad mediterránea y que el espectador español identificase como suyo el lugar reflejado. También teníamos claro que queríamos hacer una analogía visual conforme avanza el proceso emocional del personaje, empezando en una zona más acomodada y pasando a sitios más oscuros y laberínticos. Hay muchas Zaragozas, la de postal que todos conocemos y de la que nos sentimos tan orgullosos y la Zaragoza en la que vivimos. Es una ciudad increíble en cuanto a que permite mostrar muchas ciudades. Ella comienza en la zona de Gómez Laguna, y luego a través de la calle de Miguel Servet conectamos con La Magdalena, y luego con San Pablo. Todas esas calles (Heroísmo, San Agustín, Las Armas, Predicadores…) generan una nueva ciudad en la película. Cuando ella gira por una esquina de repente aparece en otro sitio y para los que somos de aquí es curioso que ese mapa mental no coincida con el real.

¿Hay espacio profesional para dedicarse al audiovisual en Aragón?

Sí, porque cada vez hay más empresas de otros sectores que demandan a profesionales del audiovisual, por ejemplo para los departamentos de marketing. El mundo audiovisual no es solo el del cine, que efectivamente es el más vistoso. En Aragón no se hace suficiente cine porque falta voluntad para atraer producciones, pero es verdad que el trabajo tampoco falta. Luego también está el paraguas de la televisión autonómica, con sus productoras.

Al llegar una película de un director local hablamos de cine aragonés, pero no siempre esos trabajos se han producido aquí.

Hay que matizar el discurso. El cine aragonés es el cine hecho por productoras afincadas en Aragón. Sin embargo, tenemos casos de talentos locales al frente de proyectos sin producción aragonesa como tal. No podemos decir que el cine aragonés ocupa un lugar increíble en el cine español porque no es algo real, sino que ese lugar lo ocupa el talento aragonés. Ese discurso igual podría volverse en contra porque quizá se esté dejando pasar la mejor generación que ha habido en muchos años porque los directores y directoras se tienen que ir fuera para producir sus películas.

Ha dirigido tres largos en 11 años. ¿Cómo valora lo conseguido? ¿Cuál sería su película soñada?

Como hemos comentado, el estado natural de una película es no hacerse, y personalmente tengo muchas más películas que no he podido hacer que las que he hecho. De hecho, siento que las que he dirigido las he hecho porque precisamente no he podido levantar otras. Pero estoy muy satisfecho de haber levantado tres producciones independientes desde Aragón, dicho con independencia del resultado final y de que hayan podido gustar más o menos. No obstante, uno siempre quiere hacer su próxima película. Y en este caso creo que la película que siempre he querido hacer coincide con la siguiente que voy a hacer. No obstante, no puedo adelantar detalles porque queda mucho camino. Estamos hablando de que si todo fuera bien podríamos rodar dentro de dos o tres años.

Autor: Enrique Abenia

Periodista autónomo. Crítico de ‘Heraldo de Aragón’, también escribe en 'Cinemanía' y en 20bits, donde analiza smartphones.

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