Entrevista a Verónica Cebollada sobre su proyecto, Lo que mis labios no dijeron

Yasmina Herrero 10 marzo, 2015
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En esta nueva entrega de mis entrevistas, he tenido la oportunidad de charlar con una estudiante zaragozana de Filología Hispánica de la Universidad de Zaragoza, Verónica Cebollada, que con tan solo 25 años escribe una serie de cartas de amor que dan titulo a su proyecto, Lo que mis labios no dijeron. A través de Facebook y Youtube comparte estas cartas en la que ella sabe transmitirnos sus emociones y sentimientos, donde muchos de nosotros/as podemos sentirnos identificados con los personajes de estas cartas. Sin duda, estas cartas llegan al corazón de cada uno de los lectores/as.

El viernes pasado tuve la oportunidad de reunirme con ella para que me hablara sobre su proyecto, Lo que mis labios no dijeron y su afición por la escritura. He aquí el resultado de dicha entrevista.

 

¿Cuándo y cómo nació el interés por la escritura?

Cuando era muy pequeña. De lo único que me acuerdo es que era muy pequeña, y empecé a escribir un libro con hojas sueltas, escrito a mano y con dibujos. Era un cuento infantil que lo encuaderné con cartón, lo até con hilos de coser, etc. Creo que a partir de ese momento, pensé que quería escribir toda mi vida.

Tengo entendido que publicas por vía Facebook y Youtube, un conjunto de cartas entre un chico y una chica que lo titulas, Lo que mis labios no dijeron. ¿En qué consiste este proyecto y que quieres transmitir con este conjunto de cartas?

Esta es una muy buena pregunta y lo has llamado muy bien, porque es un proyecto. El proyecto como dices, son unas cartas donde contamos con una pareja que ya no están juntos y que él le escribe a ella unas cartas de amor y ella le escribe a él. Lo que yo pretendo en el fondo es transmitir todas aquellas cosas que se quedan en una relación cuando termina, es decir, las palabras que nunca se dicen y que estoy convencidísima que siempre puede cambiar ese final de la pareja si se han querido de verdad.

Creo que muchas veces, lo que rompe las relaciones o las grandes historias de amor verdaderas es precisamente esta falta de sinceridad, es decir, todo lo que se muere en ti y todo lo que tú no dices. A veces, no decimos cosas que sentimos y es lo que estropea todo. Esto es un poco lo que quiero transmitir, porque a lo largo de las cartas se ve que a lo mejor él ha coincidido con ella y la ha estado mirando, y cómo él cree que ella le odia. Luego, ella más adelante refleja cómo no le odia, que está deseando levantarse y hablar con él. A eso me refiero, que en realidad son los dos quienes están deseando hablar el uno con el otro, pero se lo callan y entonces, se queda la relación rota. Se podría solucionar, pero el problema es que no lo hacemos y nos callamos, sobre todo en cuestiones del amor, tanto el chico como la chica. Sinceramente, no creo que los chicos sientan tan poco, sino que cuando consiguen enamorarse de una persona, lo sienten y lo viven más, pero se callan. Eso es lo más triste que pueden hacer tanto ellos como nosotras. Esta fue la idea principal, y además hay un trasfondo personal en la historia.

¿Te resulta difícil ponerte en la piel de un chico al escribir una carta dirigida a una chica?

Si, es más complicado que la chica, porque a la chica la identifico conmigo en muchas ocasiones. Lo que pasa que al chico lo intento plantear desde la perspectiva de lo que me gustaría que me dijera el chico. A partir de ahí, lo intento, pero me cuesta más que la chica.

He visto que fuiste ganadora del XX Concurso de Literatura Epistolar Amorosa de Calamocha… ¿por qué decidiste participar en ese concurso y cómo fue la experiencia de tu participación en ella?

Otra pregunta muy curiosa… Decidí participar porque esto de la escritura nunca sabes por donde te puede venir, ya que un día puedes escribir mucho o un periodo de tiempo y luego de repente, no vuelves a escribir nada en meses. Entonces, había pasado por un periodo en el que precisamente pensaba que esto de escribir no me servía para nada, que no me venía la inspiración, que ya no valía y había gente que escribía muy bien, pero yo no era de esas personas. Entonces, vi el concurso, pero pensé en las cartas que tenía ya hechas. Era un proyecto que había iniciado desde hace mucho tiempo, pero estaba aparcado a raíz de haber pensado que yo no valía. Me puse a indagar en mis sentimientos, emociones y me dije, voy a escribir una carta diciendo aquello que nunca dije a una persona. Lo hice y salió esa carta.

La experiencia fue buena, pero supe que había salido bien, porque me esmeré mucho. El hecho de ganarlo supuso en replantearme la escritura y ahora he participado en varios concursos, pero ganarla me dio un empujón.

Carta ganadora del Certamen epistolar amoroso Calamocha 2014

Pensar que esta pluma no escribirá más cartas con tu nombre me aturde. Las cosas han cambiado mucho desde la última vez en que tú y yo éramos algo y, quizás por eso, necesito confesarme. No sé muy bien por dónde empezar. Probablemente ni siquiera te interese ya lo que tengo que decir. No te culpo por ello, el pasado está demasiado lejos y los días que han venido son mayores que el tiempo en que compartimos nuestros besos.
La barrera del tiempo es infranqueable, ya no existen momentos que compensen las horas que hemos estado separados y la distancia pesa más que lo que un día fue amor.
Ya no recuerdo la última vez que pensé que te había olvidado y, sin embargo, aquí estoy, escribiéndote. La complejidad del olvido siempre me castiga; tal vez mañana por la mañana haya olvidado el remitente de esta carta o tal vez esté borracha preguntándole al cielo por qué dejaste las llaves sobre la mesa y te marchaste. No te importó que te llorara durante noches que la ausencia de tu voz convirtió en eternas. La luna no pudo secar las lágrimas que dejé sobre la funda de la almohada. El velo que cubre el cielo cuando el sol se cansa de alumbrar nuestros caminos ahoga las esperanzas de las personas que de día creen que son felices; las esperanzas de gente como yo, que no quería caminar si tus manos no estaban ahí para hacerlo juntos.
El transcurrir de los días me convirtió en unos labios que ensucian el cristal de una copa llena de tormentos inconfesables. Ahí fue donde ahogaste los retales que quedaban de lo nuestro, donde tiraste la pieza del puzzle que faltaba para completarnos.
Así fue como solo quedó el vacío y un montón de tardes abandonadas entre las paredes de una habitación que todavía recordaban tus promesas. Durante mucho tiempo me ceñí a la idea de tu vuelta, luego intenté comprender que aquello nunca llegaría y decidí conformarme con pequeñas ilusiones que confiaban en tu retorno, pero me cansé de despertar y encontrarme a mí soñando en otro mundo con posibles que nunca ocurrieron, que ya no ocurrirán.
He caminado muchas noches por las calles de mi corazón y todavía tienen flores en todas las esquinas recordando que una vez viviste ahí. A veces he querido quitarlas,pero tengo mucho miedo de dejar de respirar si mato el único halo que queda de ti en los rincones de mi alma. En el fondo, lo peor de todo esto es ser consciente de haber sepultado todas las sonrisas que antaño compartimos y desconocer en qué punto de la historia permitimos que eso ocurriera. Me cuesta reconocerlo, pero el café ya no sabe amargo y el suceder de los días ya no te necesita.
Tú, que el único regalo que dejaste fue un sinfín de inútiles razones que pintaron todos los atardeceres con mentiras. Tú, que no tuviste valor ni para decirme que todo había sido verdad, o que todo había sido mentira. No me permitiste odiarte, me dejaste el corazón a la intemperie y lo convertiste en vagabundo de sueños rotos mendigando labios de bocas ajenas. Recuerdo que el silencio inundó de rencor la habitación en la que tantas veces juramos algo y ahí ya no quedó nada que no fuera dolor y un puñado de rencor mal empleado.
Las palabras arden en mis manos cuando quiero escribirte porque no saben cómo decir lo que esconden mis ojos detrás de las pupilas: lágrimas que todavía llevan escrito tu nombre. En muchas ocasiones he querido encontrar el sabor olvidado de tu boca en otros labios, pero ya no recuerdo a qué saben. He intentado soltar todas las cuerdas que me atan a tu recuerdo, dejar que el aire corra por la plaza donde me besaste por primera vez y se lleve ese momento con todo lo que vino después… No obstante, cada esfuerzo ha sido más inútil que el anterior. Por más que busque en el baúl no consigo recuperar ni siquiera el aroma de los buenos instantes. El tiempo, que se lo ha llevado todo, solo ha querido dejar un puñado de sentimientos temblando, un sutil ir y venir de instantes cada vez más borrados en mi memoria… Quiero salvarlos, pero ya no estás aquí y no puedo encontrar aquellas noches en las que mis mejillas reposaban sobre tu pecho. A ti y a mi solo nos unen un puñado de pasos que caminamos juntos, pero convertidos en huellas solo dejan arena que enturbian la mirada cuando recuerda. Tú y yo ya no somos los de entonces, solo los ojos de dos desconocidos que se deben todo, pero que ya nunca se darán nada.

Epístola amorosa ganadora del Certamen Epistolar de Calamocha 2014

¿Qué sientes cuando tus lectores te dicen en redes sociales como Facebook o plataformas como Youtube que tus escritos les encantan?

Siento todo… Es lo mejor que me puede pasar más que ganar concursos. Cuando una persona me dice: ¡qué bonito!, le da al me gusta o lo comparte por las redes sociales, esas sensaciones de llegar al corazón de la persona son enormes. Cuando tengo esa sensación o la posibilidad que otra persona esté pasando por algo que he escrito es como si se creara una conexión entre esa persona y yo, aunque no la conozca de nada.

¿Cual es tu temática preferida para escribir?

No sabría que decirte la verdad, pero me gusta mucho el formato epistolar, diario o el formato de prosa narrativa. Tengo alguna cosilla de ciencia ficción de cuando era joven y quizás, algún día lo retomo. De momento, estoy con las cartas y ya tengo suficiente.

¿Crees que es difícil acceder al mundo de la escritura?

Si, muchísimo. No hay forma de acceder de ninguna forma al menos que tengas enchufe, yo creo. Quiero decir que a lo mejor es la excusa que pones cuando no consigues publicar nada, pero realmente tampoco he intentado publicarlo, ya que ni siquiera lo tengo terminado. Luego, está el dilema de cuando sabes que has hecho algo bueno, a qué precio lo intentas llevar.

¿Qué le aconsejarías si alguien te dijera que quiere empezar a escribir?

Que escriba, porque escribir es como una terapia y depende luego de cómo quieres embellecer el mensaje que estás transmitiendo. Para mi, durante mucho tiempo, escribir fue como una terapia, porque creo que cuando estás mal o triste sale lo más bonito, pero cuando estás bien, lo que quieres es vivir el momento de felicidad. Por eso, recomiendo que escriban siempre, porque a lo mejor nos estamos perdiendo cosas muy bonitas de leer, ya que no hay gente que quiere escribirlas por vergüenza e incluso por miedo.

¿Tienes algún sueño para este año 2015?

Me encantaría publicar el libro y ganar muchos más concursos. Esto sería para mi misma un gran mérito propio que me haría muy feliz, pero querría que esa persona que me publique mi libro, sea alguien que lo haya valorado y que diga: ¡esto es bueno!.

¿Tienes pensado escribir otra obra literaria?

Tengo una cosa en mente. Es sobre una chica con problemas, pero es difícil, porque sería enfrentarme a algo ambicioso. Esto no lo comparto mucho, ya que es más formato diario. Creo que puede ser bonito, pero no puedo contar nada de ello. Lo único que puedo decir es que trata sobre una chica con problemas y de cómo supera las adversidades de la vida.

¿Cómo pueden contactarte?

A través de mi página de Facebook: Verónica Cebollada

También me podéis encontrar en mi canal de Youtube: Verónica Cebollada

Agradezco su tiempo a Verónica Cebollada por la entrevista.

Autor: Yasmina Herrero

Futura historiadora y estudiante de árabe. Apasionada de la música y de la lectura. Me encanta viajar y descubrir nuevas culturas.

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